El voto contra la corrupción

Fotos | Hisrael Garzonroa / Archivo
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Como humanidad vivimos tiempos especialmente convulsionados, consecuencia de conflictos internacionales azuzados como siempre por intereses económicos; y una generalizada crisis social interna, con una desigualdad que se acentúa y vergonzosas cifras de hambre en casi todas las regiones del país.

Mientras el presidente Iván Duque aprovecha todos los escenarios internacionales que le da el ejercicio del cargo para hablar de las maravillas de su gobierno y entregar balances sobre los milagros de la economía, una situación muy distinta es la que padecen millones de familias a las que esa supuesta prosperidad no llega. El drama de la familia colombiana, que se pone de manifiesto en las propias cifras oficiales (el DANE) nos muestra que, mientras el sector financiero y los grandes grupos económicos aumentan sus utilidades y son cada vez más ricos, a los hogares escasamente les cae el mendrugo o, lo que es más terrible, muchas veces no les llega nada. Y mientras tanto, las clases privilegiadas por décadas de gobiernos insensibles han propiciado prácticas para comprar votos y perpetuarse en el poder, sin pensar
en la gente, en el colombiano de a pie, en la dignidad del ser humano…

Todos esos factores, sumados al despotismo de Duque y a su afán de ejercer un gobierno hegemónico, sin contrapesos, generó el Paro Nacional del primer semestre del 2021, en el que muchos sectores sociales hicieron ruido y lograron dar a conocer descontentos, dramas e insatisfacciones, pero que apenas podría ser la primera cuota de un gran estallido social de consecuencias incalculables.

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En ese contexto surge otra oportunidad para que los ciudadanos puedan realmente propiciar un cambio en la economía, en la política y en las relaciones sociales: el proceso electoral del 13 de marzo de 2022, en el que los colombianos vamos a tener que decidir si aceptamos mantener ese statu quo o votamos por personas diferentes y el comienzo de un cambio que le ayude a la sociedad.

La solución a la corrupción y a los problemas de desigualdad es que todos ejerzamos ese derecho al voto y que el modo de conseguir una verdadera democracia es que la ciudadanía participe, prevenga y vincule la fuerza de su decisión en las urnas.

Para lograrlo hay que empezar por renovar el Congreso de la República en donde casi que desde siempre se han logrado elegir mayoritariamente quienes representan las más oscuras prácticas del ejercicio de la política, el clientelismo, la corrupción y el narcotráfico. En las listas que se inscribieron para la Cámara de Representantes por Boyacá hay figuras nuevas, hombres y mujeres preparados y con experiencia profesional que podrían ayudar a propiciar ese cambio.

Para el Senado hay más de una docena de boyacenses y desde este medio en el que defendemos lo nuestro hay que decir que ojalá Boyacá logre una buena representación en esa corporación, en donde se toman las grandes decisiones para el funcionamiento del Estado. Y el voto contra la corrupción o el voto por el cambio se logran haciendo un análisis y evaluación de esas listas y de quienes aspiran a representarnos. En Colombia somos casi 39 millones de ciudadanos y en Boyacá cerca de un millón quienes podríamos detenernos, antes de ir a las urnas, y cuestionar y preguntar qué es lo que propone ese candidato, quién es, cuál es su hoja de vida, qué ha hecho en el pasado y de pronto establecer si ha sido investigado o sancionado por los organismos de control. Ese es el voto inteligente, el que no se deja influenciar por dádivas y ni siquiera por cargos en el sector público, sino que decide por el candidato que con absoluta seguridad va a trabajar para construir un mejor país, que es sincero, transparente, que ha actuado con probidad en los cargos que ha desempeñado, que tiene un comportamiento ejemplar como ser humano y como integrante de una familia y de la sociedad. Por todo eso es importante entender que no podemos seguir equivocándonos. Que debemos empezar por conformar un Congreso nuevo y que para la Presidencia tenemos un abanico en el que están representados muchos vicios de la política tradicional y otros que significan un cambio y una oportunidad diferente para el país.

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