Ulises en La Tierra Baldía

Ilustración | Vía ruletarusa.mx

Por | Darío Rodríguez

Gente cuadra sus negocios para 2022 sin esperanza en una retribución clara. Muchachos agotan lo que les queda de sus vacaciones jugando naipe dentro de bares opacos. Nuestros políticos comienzan a pulir sus sonrisas de comercial televisivo pues la empresa electoral que dirigen tendrá que mantenerse en pie durante este año, sea al precio que sea. Algunas madres o padres salen a las diez y media de la mañana en busca de los ingredientes del almuerzo con el más reciente chisme entre lengua y boca. Y el alcalde de Duitama (personaje de Joyce) afirma el primer lunes de enero que las fiestas populares de su aldea serán canceladas, para contradecirse, días después, manifestando que aprueba la realización de esas fiestas pero, por favor, con mucho cuidado. El alcalde es un niño que se solaza hablando en frente de las cámaras, vive mostrándoles a unos adultos invisibles (¿sus jefes naturales?) todas las gracias y proezas que hace.

Sucesos risibles, qué duda cabe. Si no fueran la respuesta demencial a uno de las crisis más estrepitosas que hayamos vivido como sociedad, hasta deberían dejar a sus espectadores tranquilos, prestos a ver cuál es la siguiente balandronada, la de mañana o la de la próxima semana.

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Mucho de este desorden y desastre que soportamos – cuando podemos – está ya presente en ‘Ulises’, la novela escrita por James Joyce que ajusta su primer siglo el dos de febrero de 2022. Es intrincada, lo saben quienes se han atrevido a leerla, solo porque la realidad que inventa es intrincada también.

Tienen que ir sus lectores a desentrañar una maraña de situaciones y pensamientos que no se le entrega con la misma velocidad del mensaje dentro del teléfono móvil. Hay una extrañeza en el inestable estado emocional de Stephen Dédalus, uno de los personajes del libro, tan familiar, tan cercana a nuestro devenir diario, que termina agradeciéndose la dificultad de esa prosa sólo para detenerse a observar con tino y, en medio las risas y las situaciones oprobiosas u obscenas, descifrar mejor lo que nos pasa ahora mismo. Tanto o más complicado que las parrafadas angelicales del buen Joyce.

Y de ‘Ulises’ a ‘La Tierra Baldía’. En 2022, hacia noviembre, cumple también cien años. El poema que lo cambió todo. Así como la novela de Joyce modificó la manera de construir aparatos novelísticos. T. S. Eliot parte del dato erudito para saltar, hábil, a la espuria circunstancia de su época. Nuestra época, mejor dicho. Cuando la voz del poeta denomina al lugar en el que vive (asolado por una guerra mundial carnicera y un orden global feroz) como “Ciudad irreal” nos está brindando no solo el lente sino el pigmento para que veamos dónde estamos parapetados y quizá por cuánto tiempo. Eliot, sin siquiera imaginar el naufragio contemporáneo, predice las carencias con las que estamos aprendiendo a convivir en versos oscuros, de apaciguada lectura.

Este año cambiaremos de presidente en Colombia. No de país. Aun falta mucho por destruir; así mismo mucho por esquilmar del botín público. Las cuotas del uribismo buscarán el modo de continuar agarradas a los tres poderes. No seremos Venezuela. Somos ya nuestra versión propia de ‘La tierra Baldía’ o ‘La Tierra Yerma’, como otros han traducido. Cada quien resiste con las herramientas que le sean más adecuadas. Las de algunos son el abstruso poema y la compleja novela que aquí han sido mencionados. No solo porque entran en su centésimo aniversario sino, además, porque sus autores tuvieron que haber pensado, alguna vez, en ser entendidos o asimilados justo cuando la actualidad se pusiera tan aguda e incomprensible como ellos la concibieron. Y aunque la famosa escritora colombiana Pilar Quintana y otros intelectuales colombianos del presente afirmen con toda serenidad que no pudieron leer ‘Ulises’.

Celebraremos dentro de unos meses, presas del mismo pausado ritmo, los centenarios de ‘Trilce’, el libro de César Vallejo, faro de la poesía en castellano, y de la consagración literaria de Marcel Proust. Otros dos escritores de esos que le plantan problemas a sus lectores.  

La paz prometida se ve cada vez más lejana. La pandemia continuará enseñoreándose por cada rincón del planeta fatigado. Aquí, en este país percudido, habrá tiempo para la supervivencia, para el cambio de capataces en los territorios y para cierta importante telenovela basada en la vida y la obra de la cantante Arelys Henao.

Inicia un año fregado. Uno más.

No obstante tendremos a ‘Ulises’, a ‘La Tierra Baldía’, por lo pronto, con el fin de interpretarlo. Con el propósito de enfrentarlo.       

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