La virgen se está pintando…

Por: Martha Patricia Moreno Moreno – Directora la noticia de la noticia

Martha Patricia MorenoMoreno | Directora la noticia de la noticia

“No creo en el evangelio, ni en la iglesia que se puede hurtar”, dijo el ratero que despojó a la virgen de Chiquinquirá de sus alhajas que adornan el lienzo en la Basílica en la ciudad mariana. Un robo de alto vuelo, en virtud de que el ladrón, cuando saltó sobre la lumbre, se chamuscó y, en agravio, le mentó la madre al infinito. 

Ni siquiera hubo sangre, apenas un escándalo de Vaticano y la Fiscalía para el impío, quien tendrá que descargar su conciencia con una buena dosis de avemarías.

Era viernes, al amanecer del nueve de julio, las estrellas se apretujaban en el cielo y el pueblo mariano, dominado por un aliento conservador y algo perezoso, se alistaba para la entronación de la Virgen de Chiquinquirá en el Vaticano. Fue un episodio casi doméstico: Dicen que advirtieron a un hombre, misterioso, como cualquier prójimo de ayuno obligatorio, con cara de agobio; barba de semanas; la angustia arrinconada y con toda la codicia encendida para infringir el séptimo mandamiento, que lo tenía metido en todo el cuerpo.

Por aquel hurto celestial, los encargados de organizar la apoteósica ceremonia vivieron un aturdimiento parroquial; los frailes dominicos muy a pesar de su casto pasado, no pudieron evitar el magno sacrilegio, tampoco los guardias pudieron hacer mayor cosa; no les funcionaron los bolillos, ni lo sensores, dicho de otro modo, en aquel caos bendito, todos perdieron los modales y la Virgen perdió su corona.

Hay gente con la que la vida se ensaña, que no tiene mala suerte, sino una continua sucesión de tormentas. Bien sabemos que muchos delitos que se cometen en este país jamás llegan a sancionarse, pero a este pecador le caerá la ira nacional sobre su menguada y miserable humanidad.  Se especula que los escrupulosos esperan que se pudra de arrepentimiento.

Punto y aparte: ¿Cuál será el karma que están pagando los médicos del Hospital regional de Sogamoso, con sus tres jefes odontólogas?, dicen que ellas entre forceps y elevadores, los tienen al filo del hilo dental: La gerente; la directora científica y la directora de calidad; dicho de otro modo, a este asunto hay que echarle muela.

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