La reapertura de la economía: ¿quién manda a quién?

Foto: Hisrael Garzonroa
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Por: Edilberto Rodríguez Araújo – Profesor investigador, integrante del grupo OIKOS de la UPTC / @zaperongo

Edilberto Rodríguez | Contrapunto económico

La reapertura económica no debe ser ni inmediata, ni simultánea y debe responder a las particularidades de las economías locales.

Los afanes de la economía

El Gobierno Nacional ha anunciado la reapertura escalonada de algunos sectores económicos. Después de dos meses de intentos de contención de la pandemia, a través de medidas desarticuladas, quiere contrarrestar sus efectos devastadores en la situación social y económica. 

La inconformidad de sectores vulnerados ha proliferado y las respuestas han sido tardías e insuficientes, además que no han escapado de las prácticas corruptas.

Abrir la economía es el nuevo y desafiante mantra, pues cerrarla fue una fórmula rápida y efectiva.

Tal como lo están ensayando otros gobiernos, con desiguales resultados en el control de la crisis sanitaria, el gobierno colombiano se ha empeñado, bajo la inocultable presión de los gremios empresariales, a “reabrir” las paralizadas empresas y establecimientos.

El argumento principal es evitar una mayor destrucción del empleo y la dramática caída de los ingresos de los hogares colombianos, además del rebrote de la pobreza, que se ha evidenciado con la imposibilidad de salir a trabajar y tener garantizado un consumo mínimo vital.

 De otro lado, el flujo de caja se está agotando y los empresarios tienen sus cuentas en rojo.

¿Dónde y cómo abrir la economía?

El anuncio presidencial de reapertura, desde el 27 de abril, no ha sido recibido con igual entusiasmo entre los mandatarios territoriales. El episodio del rifirrafe del presidente y la alcaldesa de Bogotá, es muy ilustrativo del conflicto entre el centralismo y la autonomía territorial.

Los criterios que se han mencionado, para sustentar la escogencia de los sectores, denominados “estratégicos”, tales como riesgo de contagio, protocolos de bioseguridad y transporte seguro, no han convencido a trabajadores, empleados y analistas económicos. 

La selección de las actividades económicas es muy arbitraria. Se invocan argumentos como el aporte al PIB, la   generación de empleo y los encadenamientos productivos.

En la economía colombiana las ramas que, en 2019, hicieron una mayor contribución al PIB nacional y a la ocupación total, fue el sector Administración pública, salud y educación (14, 9 y 11,3 por ciento, respectivamente), seguido por Industrias manufactureras, que absorbieron el 11,8 y 11,2 por ciento de la producción y del empleo.

Los dos sectores junto con el comercio mayorista y minorista, representan el 35 por ciento del PIB total y el 42 por ciento del empleo, equivalente a 9,3 millones de personas. 

El contraste es el sector agropecuario que, no obstante copar el 15,7 por ciento del empleo sólo genera el 6,2 por ciento de la economía agregada, reflejo de la heterogeneidad estructural y los diferenciales de productividad colaterales.

En la orilla opuesta están la minería, generación y distribución de energía, actividades muy intensivas en capital. En línea con la agricultura, se encuentran ramas económicas intensivas en mano de obra, como transporte, hoteles y restaurantes y uno de los santuarios de la difusa “economía naranja”, como son las golpeadas actividades artísticas.

A pesar de su prematuro marchitamiento, el sector industrial sigue siendo el eje de los eslabonamientos intersectoriales, comoquiera que contrata 2,5 millones de trabajadores y empleados, operando en algunas actividades en las que la producción interna aún es predominante. 

 Es el caso de alimentos, bebida, tabaco, textiles, confecciones, productos de madera, papel y cartón, derivados del petróleo y sustancias químicas, metalmecánica y fabricación de aparatos y equipos eléctricos, con diverso grado de valor agregado nacional, y las cuales fueron incluidas en la lista de elegidas para la reapertura. 

De las 22 divisiones industriales 13 quedaron por fuera, entre ellas, artes gráficas, caucho y plástico, cemento y ladrillo, ensamblaje automotríz, metalurgia y fabricación de electrodomésticos, muchas de ellas con un elevado componente importado, y cuyo peso en la producción y el empleo bordea el 40 por ciento.

En el caso de la construcción, cuyo modesto peso es un poco más del 6 por ciento, hay que diferenciar la dinámica de la edificación de apartamentos, casas, bodegas, etc. y obras civiles de infraestructura vial a cielo abierto, hoy paralizadas, con una relativa capacidad de jalonamiento en la contratación de mano de obra no calificada.

Otros sectores, junto a la producción de alimentos, no apagaron sus motores, tales como transporte, logística, telecomunicaciones, servicios públicos y salud.

Comportamiento económico y del empleo en Colombia (%)

Fuente: DANE/Banco de la República.

Bogotá, experimento piloto

Ahora bien, como la implantación de la reapertura, tendrá como prueba piloto a Bogotá, la ciudad capital de donde se origina el 25 por ciento del PIB y el 19 por ciento del empleo total, se reproduce lo observado a escala nacional: la industria manufacturera, es una de las actividades más importantes (8,5 por ciento del PIB y 13,4 por ciento del empleo), y la construcción se asemeja mucho a la ponderación nacional (7 por ciento de la ocupación local). 

Mayor peso exhiben el comercio y la administración pública, sectores que están a media marcha. 

Comportamiento económico y del empleo en Bogotá

Fuente: DANE/Banco de la República.

El anuncio de Duque, cuestionado por la alcaldesa Claudia López, supone, en un caso hipotético, que saldrían a trabajar los 293.000 “rusos” de la construcción y los 561.000 obreros industriales. Es decir, más de 850.000 personas, que “reventarían” el transporte público urbano masivo, y aumentaría el riesgo de contagio, que se acentuaría con el no acatamiento de adecuados y responsables estándares de bioseguridad en obras físicas y fábricas.

Y de Tunja, ¿qué?

 Si se quisiera replicar la estrategia del Gobierno Nacional en Tunja, la escogencia de la construcción y la industria manufacturera, como motores de la reactivación económica, no sería la más indicada, ya que los dos sectores sólo acaparan el 14 por ciento del empleo; tiene mayor incidencia actividades como el comercio y la administración pública, que generan el 48 por ciento de la ocupación total. 

Sin embargo, dada la proximidad de los entornos laborales, solo cabría un escalamiento de la reapertura, bajo un estricto monitoreo que evite el rebrote del contagio viral.

Algo más: el mercado inmobiliario en Tunja está deprimido y el tamaño de la actividad industrial es muy pequeño y marginal.

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