¿Por qué salir a marchar este 21 de enero?

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Foto | Carlo Fidel Gómez - EL DIARIO

Por | Gabriela Martínez

Jaime Garzón en la conferencia de la universidad del Valle, en Cali, les decía a los estudiantes que los colombianos no se creen colombianos. Para él, los ricos se creen ingleses, la clase media se cree gringa, los intelectuales franceses y la clase baja mexicanos. Sin querer generalizar pareciera que fuera cierto, muchos de nosotros somos orgullosos de nuestra bandera y de nuestro himno a la hora de ver un partido de fútbol cuando muestran todos los jugadores alineados con la mano en el corazón cantando o cuando uno de nuestros grandes ciclistas comienza a rebasar en la última vuelta de la carrera, pero a la hora de luchar, cantar y resistir ante algo, nos dejamos llevar por los colores y partidos políticos.

Sé que como yo, hay muchos que están totalmente sorprendidos con el impacto que han tenido las últimas marchas en Colombia, en donde, además de ver que se unieron varias personajes reconocidos (entre ellos cantantes, actores y artistas), vi cómo todos los que marchábamos creíamos en nuestro país, cómo miles de estudiantes, trabajadores, profesores, personas pertenecientes a sindicatos y organizaciones salieron a marchar, no importaba la universidad, ni la carrera, ni el partido político al que pertenecieran. Por lo menos todo lo que ha hecho Duque sirvió para unirnos.

Claramente hay personas que aún no se unen a la causa. Me preguntó: ¿por qué no lo harán?, ¿será que piensan que ellos no se verán afectados? Es evidente que el paquetazo de Duque beneficiará a ciertas personas como a los empresarios, esos que como decía Jaime, se creían ingleses, de mejor sangre y mejor familia. No como la gente de clase media que están rematados y desgastados desde la llegada del títere de Uribe, que terminó de condenarlos. “A parar para avanzar, viva el paro nacional”.

De acuerdo con un análisis de Bancolombia la mitad de las matrículas universitarias del país se financian con crédito educativo (58%), este porcentaje se divide en 53% en instituciones oficiales, 47% en instituciones privadas.

Ahora bien, los estudiantes que pretenden pagar su carrera universitaria mediante un préstamo aspiran financiar gran parte de la carrera cuando salgan a trabajar y tengan una entrada fija para poder sostenerse. Siendo esto así, dependiendo de dónde estudien, además de tener que pagar grandes cuotas mensuales cuando salgan a trabajar, probablemente tengan más gastos que solo pagar la cuota, es decir, una de las reformas con las que los jóvenes están totalmente en desacuerdo es en la que los estudiantes recién egresados que sean afortunados de conseguir trabajo, no podrán abastecer sus necesidades debido a que una de las medidas será que los jóvenes menores a 25 años se les podría pagar con menos del mínimo.

En consecuencia, las personas que no vivan con sus familias (que en ciudades universitarias son la gran mayoría), ahora aparte de tener que pagar arriendo, transporte y alimentación, también tendrán que pagar la cuota para poder culminar el pago de su financiación y, el presidente cree que con menos del mínimo un estudiante podrá comer bien, vivir bien, transportarse sin colarse y no deberle al banco.

Ser estudiante de universidad pública o privada no te va a salvar el día en el que salgas a trabajar y no encuentres nada, no te va a salvar de los bajos salarios si tienes menos de 25 años ya que ni el mínimo te lo van a pagar.

Y sin mencionar los titulares diarios de noticias de líderes sociales asesinados en Colombia, y Duque saliendo a decir que la muerte de los líderes sociales había bajado en un 25%, no debería estar orgulloso de eso. Le celebraré la noticia cuando salga a decir que ya no hay líderes sociales ni amenazados, ni refugiados, ni asesinados en Colombia.

El 2019 terminó, según EL TIEMPO, con la muerte de 250 líderes sociales y el 2020 inició con la muerte de 18 líderes en los 14 días que lleva el año. Así se inició el año y se tiene que iniciar marchando este 21 de enero para que Duque entienda que su repartida de dulces en el Chocó no sirve para acabar con el hambre de los niños y que sus pañitos de agua tibia como ese no servirá para callarnos.

*Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la postura editorial de EL DIARIO.

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