Mujer en la política, la esperanza frente al vacío ético

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Agence France-Presse/Getty Images
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Por: Jacinto Pineda Jiménez, Director Territorial Esap- Boyacá Casanare

El vacío ético en la conducta política y la creciente corrupción nos empujan a la fatalista idea que esto no tiene remedio, ni futuro. Como la caja de pandora aún nos queda la esperanza y ella es la mujer y su participación en política. “Cuando una mujer entra a la política, cambia la mujer. Cuando entran muchas cambia la política”.

Hay un vacío ético en la conducta política que deslegitima y corroe las instituciones; esa es la percepción del ciudadano cuando cada amanecer nos trae un nuevo escándalo por corrupción. Entonces una visión apocalíptica y catastrófica se apodera de nuestro futuro y hablamos del despeñadero social. Es indudable que la corrupción acrecienta las brechas entre el Estado y el ciudadano, generando una mayor desconfianza pero no comparto la significación fatalista de los hechos recientes. Como la caja de pandora aún nos queda la esperanza y ella es la mujer y su participación en política. Afirma Michelle Bachelet “Cuando una mujer entra a la política, cambia la mujer. Cuando entran muchas cambia la política”.

Asumir dicho reto pasa por un debate sobre el aumento de la representatividad, promoción, inclusión y participación política de los grupos subrepresentados, dentro de ellos la mujer. Ahora que transitamos hacia una paz estable y duradera es urgente asumir la transformación del sistema político y electoral para posibilitar la redistribución del poder político. La mujer que representa el 50.6% de la población en Colombia, actualmente ocupa el puesto 93 en participación femenina a nivel mundial. En el senado el 22.5% son mujeres. En la cámara de representantes son el 19%. A nivel territorial el 15.6% son gobernadoras, el 12% alcaldesas; el 16.7% diputadas y el 16.6% son concejalas. Para el caso de Boyacá la situación aún es más aguda pues los promedios son inferiores a los que registra Colombia.  A pesar de los esfuerzos legales que buscan promover la participación política de la mujer, los obstáculos informales son mayores, lo que ha ahogado las posibilidades democráticas. La Ley 1475 de 2011 pierde eficacia a la luz de las estadísticas, si bien hubo un incremento en el número de candidatas a las diferentes corporaciones públicas, lo mismo no ocurrió en el número de las elegidas. En el año 2015 el número de candidatas alcanzó el 33% y el de electas el 20.5%.

Pero quizá uno de los mayores obstáculos es la violencia contra las mujeres en política. El fenómeno, abordado recientemente, se define como “comportamientos dirigidos específicamente contra las mujeres por ser mujeres con el propósito que abandonen la política, presionándolas para que renuncien a ser candidatas o a un cargo político en particular (Krook y Restrepo Sanín, 2016, p.130). Ahora la violencia contra las mujeres en política es una extensión de la violencia contra las mujeres y sus distintas manifestaciones. Por lo tanto son del orden físico, psicológico, económico y simbólico. Pero quizá la mayor diferencia es que en la política se acude a los mecanismos públicos que causen más daño a partir de su visibilización.

Una investigación de un instituto holandés, realizado en el año 2016, a mujeres electas, concluye que el 42% de ellas no recibió el respaldo del partido político durante la campaña, el 63% manifestó que la política es un espacio excluyente y hostil hacia las mujeres. De igual manera el 63% reportó haber sido víctima de acciones específicas de violencia. Dentro de los hechos más frecuentes, en su orden las mujeres víctimas manifestaron los siguientes: el 23,85% se le impidió o restringió el uso de la palabra; el 23,31 le restringieron, negaron u ocultaron recursos financieros dentro de su gestión en la corporación o empleo que ejerció; en el 20.77% de los casos su propuestas fueron ridiculizadas o descalificadas; en el 18.46% se cuestionó su capacidad para desempeñar su cargo y el 16.5% las mujeres en público fueron objeto de piropos subidos de tono, incómodos e inapropiados que solo buscaban ridiculizarlas públicamente.

Además de las consecuencias físicas y psicológicas, la violencia contra las mujeres en política afecta la participación política y el empoderamiento de las mujeres; también la ridiculización pública, que buscan los perpetradores, desestimula cualquier deseo de ingresar a la política. El panorama actual, más allá de lo preocupante, convoca a los excluidos de la política, en especial las mujeres a  asumir los vacíos éticos y orientar la política hacia nuevos horizontes. Ello supone transformar instituciones políticas y prácticas electorales, ancladas en el machismo, la exclusión y en ese presente que no queremos.

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