Cuarentena económica y pauperización: ¿Cuándo voltear la página?

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Foto: Hisrael Garzonroa - EL DIARIO

Por: Edilberto Rodríguez Araújo / @zaperongo

Edilberto Rodríguez / (Profesor investigador, integrante del grupo de investigación OIKOS de la UPTC) | Contrapunto económico

El mundo paró y todo cambió. La pandemia implosionó el capitalismo global y sus efectos colaterales en la sociedad, en la política, la economía y las instituciones, han sido devastadores e incalculables. Como la prevención fue tardía, ahora vendrá una mitigación a la topa tolondra.

Cuentas a la vista

Pero el escenario económico no pinta bien. No se trata de un problema de percepción, como ocurre en condiciones de una normal trayectoria de la economía. El desempeño, tanto de los llamados agregados macroeconómicos como de los indicadores sectoriales y sociales, se hizo añicos: se han estropeado con los coletazos de la pandemia y su macabro balance. 

Los pronósticos del Banco de la República y de los centros de investigación como Fedesarrollo y Anif son pesimistas, la economía colombiana se ha estancado (crecerá menos del 2 por ciento o negativamente) y esta coyuntura pasará la factura a los distintos mercados, como el laboral, que, como vasos comunicantes, se frena o reactiva con los ciclos económicos.  

A su vez, un bajonazo de la actividad económica, por lo menos de dos trimestres, anticipa una recesión, con el cierre de empresas (particularmente pequeñas y medianas), los despidos concomitantes o -en el mejor de los casos (¿?)-, vacaciones colectivas, arrastrará en caída libre el desempleo (que puede doblar el nivel actual de un poco más del 10 por ciento) y la merma de los ingresos familiares y el consiguiente subconsumo, agudizando, por añadidura, el subempleo y la informalidad urbana y rural, pues nadie podrá salir a la calle al rebusque diario. Baste decir que, en los dos primeros meses de este año, se perdieron más de 460.000 empleos.

Al gobierno de Duque le sobrevino la crisis sanitaria con las arcas menguadas, atenazada por un barril de petróleo barato, que roza los 35 dólares, y una menor afluencia de petrodólares, que aumenta el boquete fiscal, además de una parálisis de la inversión pública y privada. Como si fuera poco, tuvo que conseguir 15 billones de pesos para financiar, a través del cuestionado Fondo de Mitigación de Emergencias, los urgentes programas de salud y asistencia a la población vulnerable, vía trasferencias monetarias o subsidios en especie, buscando compensar el deterioro del tejido social del país, lo que azuzará el fantasma de la pobreza, que está a la vuelta de la esquina. 

El panorama que se presentaba el año pasado cambió de golpe. De acuerdo con las cifras divulgadas por el DANE en días pasados, la economía colombiana no va a crecer, tal como lo hizo en 2019, cuando rebasó el 3 por ciento. Algo similar está ocurriendo con la boyacense.

Sin embargo, a pesar de ese repunte el desempleo volvió a romper la barrera de los dos dígitos y la pobreza monetaria rebrotó, aunque la informalidad retrocediera levemente.

Evolución de la economía y de algunos indicadores sociales (%)

Fuente: DANE, Cuentas Nacionales y Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH).

De repente, todo cambió

Si ese era el escenario optimista cerrando el año 2019, en lo transcurrido de 2020 la situación pasó de semáforo en verde a naranja, el desempleo se trepó en los últimos tres meses hasta situarse en 11,6 por ciento en las 23 principales del país, significando 45.000 desocupados más. En Tunja llegó a un preocupante 15,2 por ciento, con mil cesantes más.

Como si esto no bastara, la calidad de la contratación desmejoró: hubo 62.000 empleados formales menos, al igual que se redujeron 47.000 trabajos informales. Es decir, ambas modalidades se contrajeron. La categoría ocupacional más afectada fueron los trabajadores por cuenta propia (independientes) que disminuyeron 94.000 puestos de trabajo formales y 36.000 informales, en gran parte en comercio, hoteles y restaurantes.  

Volteando la página

Las expectativas son desalentadoras. Aún es muy temprano para hacer vaticinios. El pico de la pandemia aún no se asoma. Su contención está distante. Las medidas del gobierno son paliativas. La economía seguirá marchitándose y la población, sin excepción alguna, comprobará que la vulnerabilidad es generalizada. Frente a esta dramática situación no caben sino las redes familiares, como refugio al empobrecimiento de la clase media y la pauperización de los trabajadores.  

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