Nueva licorera cumplió con meta de transferencias al departamento en primer semestre. “Nos salvaron el alcohol y el gel”

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Sergio Tolosa, gerente de la Nueva Licorera de Boyacá. Foto | NLB

Este es un primer balance, que a su vez es un parte positivo, a pesar de las inmensas dificultades ocasionadas por la pandemia, entregado por el gerente de la Nueva Licorera de Boyacá, Sergio Tolosa donde destaca que la meta de transferencias al departamento, para el primer semestre, se cumplió con el giro de más de 5.500 millones de pesos.

Resalta el ejecutivo que tal meta se logró, no por la venta de licores, sino por la de alcohol antiséptico y geles indicados para la prevención del contagio del coronavirus, gracias a la decisión oportuna de cambiar la línea de producción, aprovechar los recursos disponibles y beneficiarse de la experiencia y conocimiento del personal especializado de la empresa con quienes se hicieron los ajustes en el proceso de transformación de los alcoholes, inicialmente materia prima para los aguardientes, para ser convertidos en alcohol antiséptico.

Lo que nadie esperaba

“Este es un evento (el de la pandemia) que nadie se lo esperaba; teníamos unos presupuestos, unas metas, unas proyecciones, y de un momento a otro el tema se voltea, sucede de una semana a otra, de manera total, cambiando todas las perspectivas; tanto así que el sector del cual dependemos nosotros que es el sector del entretenimiento, es el primero en cerrarse”, describe Tolosa al narrar lo que sucedió a mediados de marzo, cuando se registró el primer contagio en Colombia y el gobierno determina las medidas iniciales del confinamiento.

Foto | Nueva Licorera Boyacá

Recuerda que fueron “los bares, restaurantes, discotecas, licoreras, lugares o sitios nocturnos, sitios públicos con eventos masivos, de los que dependemos nosotros, los que inmediatamente se cierran, inclusive hasta el sector turístico; entonces, el impacto no fue de lado ni pasó por el lado sino que fue de frente, generando un cambio absoluto en la forma de ver la empresa, y por tanto cambiando el desarrollarlo que teníamos previsto para el transcurso del año”.

Actuamos desde la primera semana 

Con la sorpresa y la dureza de la realidad emergente, “a finales del mes de marzo, tal vez el 27 o 28, precisa Tolosa Acevedo, ya teníamos una determinación y algunas decisiones sobre empezar a producir alcohol antiséptico, el cual empezó a escasear a partir de esa semana. Así iniciamos, en el mes de abril, la venta de alcohol y empezamos a trabajar el gel antibacterial. Todo fue una carrera contra el tiempo, tomando decisiones sobre la marcha; corriendo y comiendo al mismo tiempo, ya que deberíamos cubrir muchos frentes, entre otros, el de la necesidad de alcohol antiséptico que había en el departamento; así que nos montamos en ese proceso y de inmediato solicitamos los permisos necesarios para poder producir alcohol etílico, desnaturalizado al 70%, con lo que iniciamos. Lo hicimos así porque nosotros no podíamos vender alcohol antiséptico hasta no tener el permiso del Invima. Entonces arrancamos con el equivalente que, de acuerdo con nuestros expertos, era lo que nos permitía reemplazar el alcohol antiséptico y que a su vez nos permitía iniciar el proceso de venta sin necesidad de tener registro Invima. Al mismo tiempo enviamos la solicitud al Invima y empezamos a presionar para que esta entidad nos diera la posibilidad de sacar un producto con su registro. Y así fue; que cuando el invima nos lo autoriza, nos convertimos en la primera licorera con este registro. Así que logramos producir y vender alcohol, un mes antes que todas las licoreras del país, por la reacción que tuvimos, dado que el reinicio de la empresa, en su nuevo arranque nos permitió la flexibilidad para tomar las decisiones necesarias, por eso lo pudimos hacer muy rápido. Estos pasos no los podían dar con la misma rapidez, ni los antioqueños, ni los vallunos ni los caldenses, tampoco Cundinamarca con sus respectivas licoreras, dado el tamaño y la complejidad delas mismas. Entonces nosotros logramos salir un mes antes siendo los primeros certificados por el invima para poder vender alcohol antiséptico, convirtiéndose de hecho en la primera certificación que sacó la entidad a nivel nacional”.

Foto | Nueva Licorera Boyacá

En este esquema, la Nueva Licorera logró vender alcohol etílico desnaturalizado al 70%, durante un mes, tiempo que se aprovechó para poder sacar el alcohol antiséptico, lo que permitió atender la necesidad apremiante del producto cuya venta se hizo, en principio, desde la misma portería de la industria a donde llegaba la gente común y corriente, así como las instituciones de salud y los municipios. A partir de esto con el comercializador, con la experiencia y la capacidad logística disponible, se convino que por su intermedio se pudiera llegar a todo el departamento.

Gerente en línea de producción. Foto | Nueva Licorera Boyacá

El éxito de este proceso fue tal que llamaron de varias regiones del país para que les vendieran alcohol, pero en realidad apenas había para suplir las necesidades del departamento porque, de hecho, los inventarios que se tenían eran limitados y que alcohol para producir licor; es decir, de un alcohol para ser consumido  lo transformaron en alcohol para ser aolicado; de paso, era usar un alcohol fino para obtener un producto más ordinario, pero indispensable para el momento.

Foto | Nueva Licorera Boyacá

Para Sergio Tolosa todo esto llevó a un situación muy especial: “en un momento estuvimos prácticamente solos en el mercado, dado que los alcoholes que se vendían en los supermercados y droguerías se agotaron, a pesar de ser las marcas reconocidas de toda la vida; en ese momento tuvimos un pico altísimo que correspondió a abril y mayo, cuando vendimos todo el alcohol posible, pero en cambio no vendimos una sola gota de licor; o mejor, para ser exactos, vendimos una botella de aguardiente. Y no se vendió trago porque la gente, en medio de la angustia -porque era seguro que el mundo se iba a acabar-, lo único que pensó fue en comprar el alcohol para untárselo e ir a la plaza a provisionarse de comida”.

Para completar, no tenemos destiladoras

Este es un inconveniente estructural de la industria en colombiana, que aquí no hay capacidad suficiente de destilación de alcoholes, por lo que los grandes volúmenes que consume el mercado son importados; en Boyacá no prosperó la que en su momento montó la ILB y en estos momentos funciona la del Valle y una que se está terminando de montar en san José de Pare, que apenas está iniciando y que hasta el momento no ha llegado al punto exacto para poder vender alcoholes con los cuales producir licores de consumo, pero sí tienen ya la capacidad de producir alcohol antiséptico. Así que, según Sergio Tolosa, durante este periodo crítico lograron traer unos 200 mil litros de alcohol con los cuales se atendió la enorme demanda: “vendimos alcohol en varias presentaciones, de acuerdo con el tipo de envase que teníamos aquí, que eran, unas garrafas y unas botellas que venían de la anterior empresa, que resultaron las propias para los alcoholes, junto con los envases PEP que nosotros producimos, que son de 375 cc, plástico. El otro aspecto fue el de la producción: al comienzo, el 80% era manual y el 20% sistematizado; al mes y medio de haber iniciado el proceso ya estábamos 80-20, pero al contrario, 80% sistematizado, 20% manual, lo cual nos ayudó a bajar cotos; nos dimos cuenta de que podíamos vender más barato por ser más competitivos lo que propició una unidad de negocios, dada la necesidad en el mercado el cual atendimos solos en Boyacá”. Al cabo de dos meses, desde del inicio del confinamiento, entran las otras licoreras: Caldas, Cundinamarca, Antioquia, El Valle y el resto de los productores, inclusive los productores de alcoholes de garaje, de los que se sabe que ponen en el mercado un producto que no sirve para nada, dado que su concentración no supera el 40%.

Foto | Nueva Licorera Boyacá

Salvamos el semestre: 5.500 millones de transferencias al departamento

La coyuntura y las decisiones tomadas a tiempo terminaron salvando la situación. Narra Tolosa Acevedo: “Entonces nosotros seguimos nuestra línea; sacamos, además del alcohol, el gel antibacterial, un gel que cumple con toda la normatividad, que no es pegachento, que viene con un aroma agradable y glicerinado para que las manos se sequen rápido y queden suaves. Con estos dos productos, y trabajando de la mano con el comercializador, que ya cubría la mayor parte del departamento, a junio, habíamos hecho transferencias al departamento por más de 5.500 millones de pesos; es decir, habíamos llegado a cumplir la meta de los ingresos a mitad de año, vendiendo alrededor del 55% en alcohol y gel antibacterial y, a ese momento, solo el 45% con ventas de licor, que es nuestra actividad principal”. Es decir, si no se hubiera introducido el alcohol y el gel, se hubiera tenido un déficit del 50 al 60% sobre los ingresos de la empresa. Con estos resultados, destaca el Gerente,  “hemos logrado mantener nuestros funcionarios, mantener nuestra actividad, hemos logrado mantener la operación de la empresa, de manera que hoy, a comienzos de septiembre, llegamos fortalecidos a esta nueva etapa en donde baja la curva de las ventas de alcohol, pero empieza la recuperación del mercado e los licores, para lo cual hemos diseñado la correspondiente estrategia que nos permita cumplir o superar las metas propuestas para el año.

Foto | Nueva Licorera Boyacá

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