En la era Duque, la transformación de Boyacá debe ser desde adentro

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La vocación agrícola del departamento debe potencializarse a tal punto que sea apto para competir con la producción agrícola de cualquier otra parte del planeta. FOTO / Hisrael Garzonroa - EL DIARIO
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Como en el resto del país, las expectativas sobre lo que será el gobierno de Iván Duque, están divididas; para algunos, los pesimistas, el temor, que raya en el pánico, es que el nuevo gobierno sea la reedición de los dos periodos de Álvaro Uribe, con el imperio de los poderes mafiosos y la corrupción llevada a los topes del no retorno, más la vuelta al modelo extractivista total y el resurgimiento de una nueva era de confrontación cuyas características y consecuencias pudieran ser peores que las vividas en las más de cinco décadas de enfrentamientos que fueron las de la presencia de las FARC como actor armado.

Para los optimistas, el gobierno que comienza será el de la prosperidad de los negocios, de las iniciativas empresariales, de los proyectos que favorezcan los grandes desarrollos, con las mínimas regulaciones, la prometida rebaja de impuestos para las inversiones y el capital que, se dice, crearán más empleo, generarán riqueza y esta terminará beneficiando de alguna manera a todo el mundo. En cuanto la paz o la guerra, la idea es que ahora sí habrá justicia, que “el que la hizo la paga” que el narcotráfico tendrá variantes como la vuelta a la fumigación y la erradicación de los cultivos ilícitos, que promete un gigantesco negocio de entrada, y que seguramente no será desaprovechado.

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En medio de todo esto, la pregunta para un departamento como Boyacá es, ¿qué va a pasar, qué le espera en el gobierno que comienza?

El estancamiento del departamento

En las últimas décadas el departamento en realidad no ha sufrido una transformación en su economía que se pueda considerar de gran alcance; al contrario, a medida que pasa el tiempo su aparato productivo se mantiene en las mismas condiciones, incluso, aparecen motivos que lo deterioran aún más; se amenaza con el cierre de las pocas empresa que hay o se cancelan proyectos que, aunque polémicos, se suponía que eran atractivos y viables, como sucedió recientemente con el proyecto de ensanche de planta de Argos en Sogamoso.

Los potenciales que ofrece el turismo también se han estrellado con serias dificultades en cuanto a la identificación y desarrollo de estrategias que hagan que la región, las más privilegiada en el centro del país, convierta esta industria en una gran fuente de desarrollo.; además porque hay que aprovechar lo que ya hay y completar lo que falta en una estrategia que debe tener la participación de los sectores privados de manera más comprometida.

Un recuento, quizá incompleto, pero que hay que dejar para la discusión, sobre los retos que tienen que asumir los distintos actores económicos, políticos y sociales del departamento de manera inmediata:

El sector agropecuario

Siempre se ha dicho que Boyacá es de vocación agropecuaria; sin embargo la identificación no es en general positiva; es más con significación despectiva, un pueblo campesino, ignorante y atrasado, son las imágenes a las que remite la referencia de la vocación agrícola del departamento. Esto hay que cambiarlo. En efecto el departamento tiene especial vocación agrícola y eso no hay que dejarlo de lado. Al contrario, es lo más importante. El asunto está en transformar esa visión con la introducción de la nueva agricultura que siempre se ha propuesto pero que no ha sido posible desarrollar. Es de sentido común que si el mercado más grande del país, que es Bogotá, está tan cerca, el asunto no es llevar productos para un ocasional y paupérrimo mercado en la Plaza de Bolívar frente al Capitolio. Eso es folclor y más miseria. El asunto está en producir para aprovechar la demanda de un conglomerado como Bogotá; para eso hay que cosechar y transformar. Agregar valor a los productos, afianzar cadenas de comercialización, sistemas de transporte, sistemas de distribución, donde las utilidades sean para generar riqueza y bienestar a los nuevos agricultores del departamento.

Los principales producto del campo boyacenses deben salir transformados para el mercado, por eso es necesario el establecimiento de redes de transformación: plantas de procesamiento de papa, de beneficio y presentación especial de las hortalizas, plantas de transformación láctea, donde marcas como el Queso Paipa sea una fuente de riqueza para los productores de leche y del resto de la cadena, no para que tengan que venir iniciativas de afuera para montar las plantas de transformación y manejar las redes de comercialización, mientras los productores aquí, por su incapacidad de asociación y falta de estrategia empresarial, ven perdida la oportunidad.

Desde luego que se necesita el apoyo del gobierno, pero la responsabilidad a estas alturas es de los que intervienen en la cadena productiva correspondiente. Y si el gobierno de Duque dice que lo que será favorecido es el emprendimiento, la iniciativa empresarial, pues nada mejor que aprovecharlo.

Las frutas del occidente del departamento, los cafés especiales de distintas regiones boyacenses, el mismo cacao, que está en auge en algunas regiones, todos estos productos ¿cómo se convierten en fuentes de riqueza?, para decir que el sector agropecuario es el más importante en el departamento, dada su tradición, con las oportunidades sobre la mesa.

En todo este proceso hay que volver sobre el papel de la academia; cómo responde la universidad, con la UPTC a la cabeza y sus departamentos de formación del sector, lo mismo que el SENA y la Universidad Juan de Castellanos, que viene afianzando programas en esta misma dirección. Cómo y quién articula estos procesos. El objetivo es que hay que acabar con la percepción de que ser campesino, ser agricultor en este departamento, es sinónimo de ignorancia, miseria y embrutecimiento; o de esfuerzos aislados que apenas dan para muestras mínimas de producción que no impactan en el mercado, tal como se vio en la reciente Feria del Queso y el Vino en Duitama, donde los expositores están más del lado del costumbrismo y muy lejos de la producción que exige el mercado.

El sector minero: aprovechar ahora sí la bonanza del coque

Esto parte de lo que está sucediendo con el carbón, que sin duda es el principal mineral de explotación en el departamento, con dos vertientes definidas, la producción de coques a partir de los carbones siderúrgicos que como se ha dicho siempre, necesita el mundo y los tiene Colombia, de los cuales buena parte están en Boyacá, que son los mejores. Esta vez el mercado ha cambiado y parece que la bonanza del precio actual del coque no es pasajera; que las buenas cotizaciones se mantendrán por un buen tiempo, lo que hace pensar que hay que replantear su minería y manejo para que se vuelva en una gran oportunidad que impacte la realidad económica, por lo menos de las regiones productoras.

De esta bonanza del coque, deberían quedar, por lo menos, los sistemas de carreteras, principales y secundarias en las mejores condiciones: la pavimentación de la Transversal del Carbón entre Ubaté, Guachetá y Samacá, más la conexión con Ráquira; y en la provincia de Valderrama, la pavimentación del circuito Tasco-Paz de Río; Socha, Socotá- Jericó- Chita. Mientras que en las provincias de Norte y Gutiérrez, por lo menos la rehabilitación de la carretera, Soatá, Boavita, La Uvita, San Mateo. También es indispensable que se discuta la forma como los excedentes de la bonanza se encaucen para diversificar las economías locales. Que no suceda lo de las anteriores ocasiones, cuando los buenos ingresos no generaron una sola empresa en otro sector que reflejara las utilidades de entonces y que ayudaran para cuando la crisis regresó.

El carbón térmico en generación eléctrica    

A esta posibilidad no hay que tenerle miedo. La producción de carbones térmicos, hoy puede ser la clave en la transición que necesita el sector eléctrico en Colombia. Resulta que la crisis del proyecto hidroeléctrico, Pescadero Ituango, puede replantear el mapa energético de Colombia que siempre ha dependiendo en mayor medida de la generación hídrica, lo cual, de paso, está en contravía, de la realidad mundial de la canasta energética. A Raíz de la emergencia de Ituango surgen nuevas realidades: primera, según los expertos, que jamás en Colombia se volverá a anunciar un proyecto hidroeléctrico de gran envergadura; que a lo sumo se aprovecharán pequeñas centrales para generar a filo de agua. Entonces, cambia la fuente de generación. La pregunta es con qué se reemplaza. Hoy el mercado energético lo surte en más de un 70% la generación hídrica, y menos del 30% corresponde a otras fuentes, entre las cuales hasta ahora no hay ningún proyecto importante con base en fuentes eólicas o fotovoltaicas.

La percepción en muchos sectores especializados, tal como le dijo en estos días a este medio el presidente del Consejo Gremial Nacional, Jorge Humberto Botero, es que en adelante el país tendrá que acudir a otras fuentes de generación y, la principal, sería el gas natural, mientras se desarrollan y afianzan los proyectos de generación a partir de fuentes alternativas. La utilización del gas en generación constituye un despropósito por dos razones: una, que las reservas probadas de este hidrocarburo tienen un horizonte de suministro para cinco o seis años; y, segundo -lo que es peor-, que utilizando el gas natural para generar se le quitaría el suministro de esta fuente que sigue siendo barata para amplios sectores populares que tienen en el gas domiciliario el único servicio cuyo costo todavía es económico. Generar con gas a gran escala sería un gran golpe a las economías de los hogares de las clases populares.

Así que la alternativa es el carbón, a pesar de la oposición por el impacto ambiental. El asunto es cómo conciliar dos frentes: el sector privado (el empresarial y las fuerzas sociales que se oponen a la minería); y la institucionalidad: gobierno: alcaldías, gobernación, corporaciones ambientales y la concordancia con el gobierno nacional. Los megavatios que dejará de producir Ituango, (si el problema es irremediable) podrán generarse, gran parte de ellos en Boyacá, donde los carbones térmicos no son rentables para la exportación por la lejanía de los puertos; así que será mejor distribuirlos y aprovecharlos por los cables que intentar mandarlos por tractomula.

Pensando en el complejo Termopaipa, valdría ponerse la meta de generar de manera permanente siquiera mil megavatios, los cuales serían una magnífica oportunidad para impulsar en los próximos 20 años, tiempo de transición a energías limpias, una minería sostenible, rentable y razonable, con la precaución de que sus beneficios se extiendan al resto de la economía, superando la baja cohesión del sector carbonero, donde sus empresarios siempre han oscilado entre la informalidad, los bajos índices empresariales, la ausencia de nuevas tecnologías de explotación, la evasión de responsabilidades y el poco compromiso ambiental; desde luego que esto también ha sido por la condición anárquica del mercado, a cuyo caos ha contribuido de manera especial el comportamiento de los consumidores, es decir las empresa que han manejado las termoeléctricas, desde la EBSA, Gensa, y ahora Sochagota S.A.

Este es un inmenso reto para el sector empresarial del carbón en departamento, sobre lo cual se tiene que trabajar en profundidad.

La modernización de Acerías

Bajo el auspicio del gobierno de Álvaro Uribe (2007) llegaron los brasileños al control de acerías, y si este gobierno de Duque, de alguna manera es otro periodo uribista, entonces que se complete el compromiso de Votorantim, es decir, que cumplan con la modernización de la cadena de producción del acero y las demás obligaciones con la minería que abarca esta empresa. Se anunció entonces que la planta sería modernizada para mejorar la calidad, la competitividad y hacerla más amigable con el medio ambiente. Poco de esto ha sucedido. Pero tampoco nadie dice nada.

La modernización de Acerías debería impulsar la transformación de la cadena metalmecánica, que en vez de mejorar y evolucionar a tono con las necesidades actuales, sigue igual o peor. Nunca hemos podido producir máquinas y herramientas, que es el siguiente paso una vez se dispone del acero. Pero al menos deberíamos producir aceros básicos para la infraestructura de obras publica, la construcción de viviendas y los múltiples usos que todavía quedan para este insumo. Acerías debería ser la planta líder del país en el sector.

A su turno, los parques industriales de Sogamoso y Duitama se deben modernizar, ponerse a tono con las exigencias actuales. En el caso de Duitama, la Ciudadela de recuperar su condición de Industrial ya que según expertos, es hoy más un espacio de logística y bodegaje que un centro de producción y transformación. Estos retos son del empresariado asentado en estos lugares, quienes deben ser capaces de transformar su realidad con nuevas iniciativas e innovación y no con “la tradicional cantaleta de que vamos a tener que abandonar la actividad, cerrar las empresas y despedir trabajadores”, tal como lo relataba a este medio un empresario del sector que solicitó omitir su identidad.

El turismo a la espera de su aprovechamiento

En Boyacá el desarrollo de esta industria y su aprovechamiento, hoy está más como responsabilidad de los empresarios y desarrolladores particulares que del mismo Estado. Es el sector privado el que debe jalonar el proceso de transformación de la industria, es evidente que el Estado tiene menos campo de acción. La infraestructura física y de servicios (hoteles, restaurantes, centros recreacionales) no se provee desde lo público, es necesario que el empresariado asuma esta responsabilidad y cumpla su tarea. El mismo Estado puede argumentar que ha dotado la región, por lo menos la zona central del departamento, con una infraestructura de carreteras que va siendo aceptable, con el aseguramiento de la conectividad y los servicios de energía y agua potable, lo cual sumado al patrimonio cultural, material e inmaterial, y las ventajas insuperables de la naturaleza, crean el escenario perfecto para el desarrollo de la más exigente y al mismo tiempo exitosa industria del turismo. Otra cosa es que eso no suceda. Es más, tampoco ha sido por falta de estudios y diagnósticos. Si de mira con algún detalle, en los últimos treinta años se han hechos trabajos de análisis sobre el sector, con recursos de los municipios, del departamento y de la nación, que suman varios miles de millones de pesos, pero que en realidad no han sido aprovechados para su ejecución.

De qué sirve que en el último puente de San Pedro, el gobernador Carlos Amaya diga que ingresaron más de 240 mil carros al departamento, si al consultar a los hoteleros y otros prestadores, se quejaron de la poca ocupación y demanda de servicios. O, por ejemplo, el gobierno nacional va a entregar una línea férrea remodelada entre Belencito y Bogotá con una inversión cercana a los 200 mil millones de pesos y hasta el momento nadie ha hecho ninguna propuesta sobre su uso y aprovechamiento. Así que si alguien en el alto gobierno se da cuenta de esta circunstancia, podría decir, ‘bueno y para qué invertir en más infraestructura, si no se aprovecha’. Es el momento para que el sector privado responda con las inversiones y la oferta de servicios que está exigiendo la industria, para que el Estado, a su vez, vea que debe completar otras obras.

Por ejemplo, la red de carreteras de la región central necesita la pavimentación del tramo desde Sotaquirá hasta la central Tunja-Moniquirá y la recuperación de la vía Arcabuco, Villa de Leyva, con lo cual se formaría un triángulo turístico extraordinario que sería Paipa-Villa de Leyva-Tunja, con un solo aeropuerto que debe ser el de Paipa, cuya posición estratégica serviría a Sogamoso y a las provincias de Valderrama, Norte y Gutiérrez. ¿Para qué cada ciudad con un aeropuerto si ninguno sirve? Además, porque en Paipa, los terrenos propicios para la ampliación de la pista, si hay necesidad, están disponibles y pertenecen al departamento.

Es menester terminar la carretera Entre Villa de Leyva y Moniquirá y completar la pavimentación del tramo entre el Pantano de Vargas y Firavitova. Aquí hay un gigantesco circuito turístico capaz de ofrecer las mejores ventajas para para la industria en el orden de atracción nacional y para el turismo internacional. Pero es al sector privado al que le correspondería ahora la mayor responsabilidad eso sin que las instancias públicas abandonen la tarea de completar y apoyar en lo que es necesario. Desde luego que no es solo esta región del departamento, todo el departamento es un gran escenario para el turismo.

La presencia de la Academia

La Academia también debe hacer un alto en sus negocios, que son los que en realidad han prosperado en los últimos años y reconsiderar qué nivel de formación están ofreciendo en el orden profesional y del conocimiento. El aparato educativo medio y superior en el departamento debe entregar resultados en estos campos. No más cuentos de artículos “científicos” para revistas indexadas para poder ganar puntos con miras a escalafones y bonificaciones. Es necesario que haya verdaderos aportes al conocimiento para el desarrollo de las ciencias y el avance de las tecnologías que exige un territorio como el nuestro.

Vale decir que son muy pocos los aportes que se puedan cuantificar surgidos de la academia como insumos para el sector productivo y al conjunto de la sociedad. Los presupuestos de la universidad pública se exige todos los días que sean mejorados, lo cual es cierto, pero también se deben demostrar los resultados concretos como aporte a la sociedad en el avance del conocimiento. En cuanto a la universidad privada, en los más de 30 años de desarrollo que ya lleva en el departamento, solo se sabe de los buenos resultados económicos que la convierten en negocios de sus diseños y muy poco o nada en aportante de nuevos conocimientos en función de la sociedad. Si el conocimiento es el principal activo de una sociedad y la universidad tiene como misión generarlo, entonces ¿por qué eso no sucede?

La integración de Occidente  

La región que necesariamente tiene que ser incorporada al desarrollo armónico del departamento es el Occidente. Estigmatizada por la violencia que ha sido el resultado de la disputa de las riquezas de las minas de esmeraldas, que a su vez se ha asociado siempre con redes delincuenciales, de mafias y de circuitos de corrupción y todo tipo de violencias, debe llegar el momento, de reorientar su destino, que en toda caso no podrá desligarse de laminería de las gemas, pero sí de los otros circuitos que la perjudican y la han mantenido en el aislamiento y a sus gentes, en su mayoría en el límite entre la pobreza y la miseria.

Hoy el sector agrícola y la perspectiva del turismo brindan una magnífica oportunidad al Occidente del departamento que en sus dos ejes viales brinda incomparables atractivos. Ahora bien, lo que ha pasado en los últimos años con la llegada de nuevos jugadores a la minería de las esmeraldas, nacionales y extranjeros, y hechos como la extradición de algunos de los llamados patrones, acusados de narcotráfico, como acaba de suceder con la formulación de cargos en contra de Pedro Rincón, marcan un nuevo rumbo para la región, el cual puede ser más prometedor, si se sabe encausar su destino ante todo por el camino de la paz y la convivencia, para dar el paso a las oportunidades que se desprenden del aprovechamiento de sus múltiples riquezas.

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