Cimarrón: 20 años de un canto a la rebeldía llanera

Foto | Vía Instagram: cimarroncolombia
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Cimarrón es una agrupación que nació para marcar historia en la música llanera. Al grupo lo respaldan dos décadas manteniendo el Joropo con esa esencia a Orinoquia que tanto evocan sus notas. Cimarrón reúne artistas de todo el país y su vocalista es de Otanche. Creció escuchando Joropos en voces venezolanas, y desde muy niña supo que quería dedicarse a imitarlas, a narrar, al son de las arpas, las historias que su entorno le inspiraban.

Más de 20 años lleva Cimarrón dando de qué hablar, aunque no precisamente en Colombia, pero es sin duda un grupo legendario cuando se habla de narrar las historias del inmenso campo al son de las arpas, los cuatros, las maracas, y en el caso de agrupaciones como Cimarrón, el tiple o las cajas de percusión, que ha sido algo con lo que este grupo, auténticamente, ha escavado hasta encontrar las raíces y la esencia del llano y del Joropo, porque el Joropo es el Llano y viceversa.

“Lo que hacemos es partir de la esencia, conocer a profundidad la raíz del Joropo”, dice Ana Veydó, vocalista de Cimarrón.

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Ana creció en Otanche, escuchando emisoras venezolanas, educando el tímpano al ritmo de bandolas y cuatros, y especialmente al son de potentes voces varoniles, hombres cantándole al campo, a la inmensidad y a la belleza de la llanura y obviamente a la de la mujer llanera. Ana quiso cantar como ellos, tampoco había referentes femeninos, como para querer inspirarse en otro modelo. Desde muy niña los imitó, había nacido para eso.

En el año 2000 Ana fue a dar con Cimarrón, concretamente con Carlos Rojas, legendario integrante de la banda, que lamentablemente partió de este mundo el año pasado. “Carlos fue el artista y director musical. Desde el año 2000 estuvimos al frente de la banda, los dos; siempre variaron los músicos, pero los dos siempre estuvimos”, dice Ana todavía conmocionada por lo que significó esta pérdida para el grupo.

En esos más de 20 años de contrapunteos, corríos y cantos a la Cuenca del Orinoco, Ana ha visto desfilar un ejército de talentosos músicos por Cimarrón. Más de cuarenta dice tratando de recordar rápidamente una cifra aproximada. “De gira siempre vamos siete, pero, por ejemplo, la vez pasada en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán fuimos trece”.

Cimarrón marcó la historia de la música llanera, y no es algo que se diga a la ligera. En la historia figurarán como el primer grupo de música llanera en haber sido nominado a los Grammy Anglo 2019, en la categoría del mejor álbum de música tradicional.

“Para nosotros fue un gran espaldarazo, fue una noticia que nos ilusionó porque vimos que era posible llevar una propuesta de Joropo a concursar a ese nivel, a llevar ese tipo de música a otros escenarios”, cuenta Veydó.

Cimarrón se ha presentado más de 500 veces en el exterior, ha realizado conciertos en 38 países de Europa, Asia, América y África, es hasta ahora la única banda colombiana que ha llegado a los Grammy Anglo con la nominación a Mejor Álbum de Música Tradicional del Mundo. También ha sido nominada a los Grammy Latino por su álbum ‘Orinoco’.

Para el caso de Ana se aplica aquello de que nadie es profeta en su tierra, pues Boyacá ha sido hasta ahora muy distante, casi hostil con la propuesta de Cimarrón, incluso, a pesar de que en las entrañas de la agrupación vive el folclor boyacense.

“Colombia en general es un lugar en el que hemos ido poco a poco. Parece que primero hay que ser aclamado por fuera para poder ser tenido en cuenta. Yo como boyacense quisiera que fuera escuchada nuestra propuesta. (…) Nosotros reflejamos lo que somos como Orinoquía, y cuando hablo de Orinoquía me refiero también a Boyacá, porque Boyacá hace parte de la Orinoquía. Piensan que esta región nace por allá en las profundidades de Venezuela, pero no, la Orinoquía también nace aquí”.

Esa indiferencia nacional llevó a Cimarrón a encarnar con más vehemencia esa rebeldía llanera. En su propuesta nunca hubo aguas tibias. Cuando se decidió explorar las raíces del Joropo, se hizo con carácter a la hora de decidir lo que se debía visibilizar. “Las percusiones, que son un componente afro, nunca fueron visibilizadas, nosotros hicimos eso. Acentuamos esos sonidos indígenas y especialmente el componente europeo, que indudablemente marca la esencia de lo que hacemos. Eso es lo que hemos hecho, agarrarnos de la raíz y hacer una propuesta basados en la fuerza que da la esencia, el hecho de no partir de otra música, no es una fusión, al contrario; es redescubrir, es volver a jugar con esos elementos que están dentro de la tradición”.

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