El David Cañón Cortés que yo conocí

Foto | Archivo personal

Por | Fabio Becerra Ruiz

Empezaba la década de los sesenta, iniciándome yo en las lides de la radio como locutor de noticias, y laborando en una pequeña emisora denominada Nuevo Continente, afiliada a RCN, propiedad del entonces también novato radiodifusor Efraín Páez Espitia, cuando al ir a grabar una identificación a la famosa emisora Nueva Granada matriz de RCN conocí casualmente a un paisano boyacense llamado David Cañón Cortés, quien ya traía alguna experiencia radial en varias emisoras y con quien simpatizamos de inmediato, al punto que establecimos contacto permanente

Él se propuso llevarme a trabajar a Radio Cadena Nacional y utilizando sus influencias me hizo incluir como coordinador los domingos en las tardes deportivas, convirtiéndose desde entonces en mi mecenas, mi patrocinador, mi promotor y mi amigo y de quien recibí consejos y recomendaciones para la lectura de noticias, ya que me insistía que leyera cables internacionales con el fin de que me oyeran los directivos de RCN, pues se hallaba empeñado en ayudarme a ingresar a esa empresa a como diera lugar.

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La situación se presentó pocos meses después con el retiro del famoso locutor Hernán Castrillón Restrepo, quien leía el informativo institucional de la cadena, llamado “Actualidades RCN” y se desvinculó para dedicarse a la televisión, ante lo cual el nuevo director general de RCN Alfaro Cadavid Macías al llegar a desempeñar su cargo en Bogotá, preguntó quién era el muchacho que leía noticias los domingos y su asistente Cecilia Granados, hoy famosa artista, cotizada pintora, escultora y docente, le informó que era un amigo de David Cañón, haciéndome llamar de inmediato para ofrecerme la lectura de ese informativo, desde el cual hice el ingreso a las grandes ligas de la radio.

Con RCN llegué a hacerme conocer en todo el país, gracias a quien después fue mi padrino de matrimonio, el amigo más leal y sencillo que quizá he conocido en los largos años que me desempeñé en los medios de comunicación, y cuya deferencia y calidad humana me sigue sorprendiendo casi sesenta años después de haberlo conocido y haber disfrutado de su amistad, y la de su querida esposa hijos y nietos.

Un detalle que recuerdo de la amistad, el aprecio y la calidad humana de quien ha sido mi “padrinito David” en la radio y en la vida real, ocurrió hace bastantes años en que, tomándonos unos tragos en su casa, al momento de irme le pregunté que para qué tenía dos carros Volkswagen escarabajo, mientras yo necesitaba uno de ellos, y él generosamente me dijo de inmediato que me llevara cualquiera de los dos, y después lo negociábamos.

Escogí un bellísimo escarabajo con rines deportivos especiales, de color amarillo y en perfecto estado, que había pertenecido al mutuo amigo Juan Harvey Caycedo, y decidí preguntarle cuánto costaba, y me dijo le pusiera yo precio, para finalmente convenir antes de irme, una suma amigablemente, y esa misma noche me lo llevé para mi casa, sin pactar ni cuándo ni de qué manera se lo pagaría.

Como un año después, le dije en son de broma otra noche de tragos, que ese carro estaba como algo caro, y me preguntó qué quería hacer, ante lo cual le pedí que me rebajara una determinada suma, a lo cual “mi padrinito David” accedió de inmediato, pero preguntándome que al menos le dijera cuándo pensaba pagárselo.

Sin titubear le manifesté además que por qué no me recibía un piano que había yo comprado en un pueblo de Boyacá, y “mi padrinito David” sonriendo aceptó recibírmelo como parte de pago, y hoy aún lo conserva en su casa de Tabio, ante lo cual y por física vergüenza, a los pocos días no me quedó otra alternativa que conseguir la plata y pagárselo, carro que destruí con pérdida total, en aparatoso accidente afortunadamente sin consecuencias, con el recordado amigo economista-abogado y excelente lector de noticias Edwin Paz García, cuando íbamos a Paipa a verme con la que hoy es mi esposa y madre de mis dos hijas menores.

Ese es mi “Padrinito David”, hombre de una excepcional calidad humana, de desprendimiento y amistad sin límites, y de quien me siento orgulloso de su deferencia conmigo, en los largos años de sincera amistad, y mutuo aprecio…

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