Narrativa depredadora 

Francisco Barbosa. Foto | Colprensa
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La narrativa de la verdad de los hechos, por encima de enunciados vacíos atraviesa por un momento de desfiguración. La ultraderecha del país y del mundo, son responsables de esta toma de posición en los espacios de comunicación (e incomunicación) con palabras o frases capaces de desvirtuar o ridiculizar los argumentos sólidos de la ciencia y del saber. Fake News, mensajes apocalípticos, miedos, tergiversan la realidad, mediante contenidos que relatan una versión propia y acorde a su postura ideológica, falsean hechos que presentan con fanatismo entre odios y estigmas. Con verdades a medias se sirven para mantener en alerta a sectores de población a los que realmente desprecian y abominan por ser como son o por negarse a seguirlos u obedecer mandatos de servidumbre.

Por | Manuel Humberto Restrepo Domínguez

          Entre truculencias, definen su narrativa que con “sistematicidad” e “intencionalidad” “venden”, su realidad es fabricada en centros de operaciones estratégicas y es hábilmente instalada y replicada por medios de comunicación de propiedad de grandes inversionistas privados de la ultraderecha global, neoliberal, inhumana y sin límite para sus fortunas. En Colombia la narrativa de ultraderecha sigue una única matriz mediática encuadrada en que tales medios son propiedad de no más de cinco dueños, quienes también controlan potentes sectores de la economía como energía, comunicaciones y banca y finanzas y en su nómina antes que comunicadores hay férreos militantes con sesgo partidista. Los dueños son Gilinski (Semana, el Heraldo, el país); Sarmiento Angulo (El Tiempo, City T.V); Grupo prisa (Caracol, W Radio, Amber); Ardila Lule (RCN radio y T.V, La Republica); Santo Domingo (Caracol T.V, Blu Radio, La Calle, El Espectador) y Slim (Red+, Claro T.V); y apellidos de comunicadores militantes como Dávila, Morales, Zuleta, Hernández, a los que se añaden youtubers instrumentalizados para tal fin (JP, Marbelle) y decenas de perfiles falsos que replican y manipulan bots desde “bodeguitas criminales” con “sistemáticos llamados a la violencia y el caos.

          Los medios y los fines, en la guerra y en la retórica son mezclados sin límite ético. Frases, párrafos, mensajes cortos y palabras están modeladas para cautivar, espectacularizan y banalizan, generan experiencias, despiertan emociones, crean en cada persona la sensación propia de sentirse actores de una película en la que pueden actuar siguiendo el libreto. Cualquier elaborado argumento es fácilmente opacado, borrado por un ignorante que cínicamente descalifica y siembra duda.

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         La expansión de la lógica de que todo es relativismo, que todo depende de una matriz ideológica somete la verdad a tergiversaciones y da primacía a los imperativos de la comunicación que “vende” un relato carente de relaciones sostenidas por valores asociados al respeto por la vida y dignidad de los otros y en cambio estimula el ego, el yo personal aislado, sin destino común de nación, país o bienestar colectivo. La verdad destituida por la retórica de ultraderecha favorece la impunidad por las grandes tragedias y crímenes cometidos y se distorsiona el sentido común con actuaciones de doble racero como la promoción de un turismo de reconocimiento del patrimonio de la humanidad en algunos lugares, al tiempo que borran del mapa universidades, museos, monumentos, lugares religiosos, bibliotecas, que son destruidas en minutos con bombardeos financiados para los dos casos por los mismos estados, bancos e inversionistas, que alardean de la entrada a una era Inteligencia artificial y depósitos de megadatos, para rediseñar el mundo sin límites, sin reglas, sin memoria, sin historia, ojala sin mediaciones de la inteligencia humana (Trump, Milei, Netanyahu, Bukele) y sin obstáculos constitucionales, ni de instituciones de garantías para la paz y los derechos, sin más dios y ley que ellos mismos y la potencia de sus grupos de poder, convertidos en partidos político-militares en ejercicio para destruir, eliminar, aniquilar, exterminar, como ocurre en Palestina, donde el sionismo genocida no trata de despejar el campo de enemigos si no de aniquilar, matar, borrarlo todo, o con argucias judiciales de Lawfare (guerra legal) como ha ocurrido en Perú, Brasil, Paraguay, Honduras. 

            La vulgaridad y el cinismo en los espacios de comunicación política bombardean con mensajes de aniquilación, al contrario, al adversario, al otro, lo acentrado, alternativo, popular, rebelde, zurdo. Es un lenguaje profundamente contaminado de emociones basadas en odios y respuestas diseñadas para empeorar situaciones de dificultad y sostener violencias. Las exposiciones de congresistas, funcionarios y militantes de ultraderecha, dista de apostar por una sociedad con conciencia de la riqueza cultural, social y económica del país si viviera en paz, con simplemente entender el significado del respeto por la vida con dignidad y sus diferencias, y atender el significado de bienestar de los avances en las ciencias, las artes, las humanidades.

        Los factores que alientan la vulgarización del mensaje político reflejan cambios culturales, sociales y políticos, en un contexto de sociedad atacada por la polarización y la confrontación agresiva y de choque con expresiones que para movilizar desacreditan e injurian a sus oponentes. Medios de comunicación y redes sociales alentadas por la retórica de ultraderecha fomentan la falsedad reiterada para captar la atención de una ciudadanía a la que no forma, si no que enferma mentalmente, con su “impactante y sistemática” información prefabricada que le vende y se sirve de aprovecharse del desencanto y desconfianza en las instituciones estructuradas (por ellos mismos) como sistema corrompido, de clanes y mafias, que diseñaron un mundo de herencia feudal, patriarcal y colonial.

         La degradación del lenguaje pone de manifiesto la posibilidad de que el país efectivamente este cayendo en un retroceso intelectual y de su sentido humano y de humanidad, gracias al papel de la ultraderecha, en tanto las ideas construidas con argumentos, en contexto, con honestidad intelectual, criterios éticos y responsabilidad social, son destituidas y su lugar ocupado por falsedades y vulgarizaciones, que conectan emocionalmente con la audiencia de manera más directa y mostrando una supuesta autenticidad, en contraposición a la retórica basada en la ciencia, el humanismo y las reglas universales de convivencia y respeto por la dignidad y derechos humanos entre iguales. Universidades, instituciones educativas y grupos de estudio e investigación, tienen la tarea pendiente para intervenir públicamente y corregir esta degradación, que podrá convertir al país en paria.

P.D. El fiscal general y la señora procuradora, han hecho trizas al Estado de Derecho y afectado al Sistema de Justicia y del Derecho con sus actuaciones politizadas y su lenguaje de odio y destrucción.

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