Veinte años sin ocupar el Palacio de la Torre y cada vez menos posibilidades de regreso

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El Partido conservador cumple dos décadas sin poder ostentar el Despacho principal del Palacio de la Torre. Se considera que como van las cosas difícilmente volverán. Foto: Hisrael Garzonroa
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Hoy, el último domingo de este mes de octubre, se cumplen 20 años de las elecciones de 2000 cuando el “mejor cuadro” en ese momento del Partido conservador en Boyacá, Hernando Torres Barrera, perdió las elecciones para la gobernación del departamento frente  Miguel Ángel Bermúdez, quien representó entonces una amplia convergencia del Partido Liberal, movimientos independientes y, ante todo, el voto de opinión.

Veinte años durante los cuales el Partido Conservador, dominador neto de la política del departamento durante todo el siglo XX, gracias a su férrea alianza con la iglesia católica, siempre había dominado los espacios de poder, siendo su principal trofeo la gobernación, la cual no ha podido recuperar y como van las cosas será cada vez más difícil que lo logre.

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El triunfo de Bermúdez, en su momento, fue una factura cobrada a los conservadores que por seis años habían ocupado el despacho principal del Palacio de la Torre, dejando al departamento en serios problemas de liderazgo, con las arcas exhaustas, el desempleo en aumento, la crisis de la industria, cuyo principal problema era la casi segura liquidación de Acerías Paz del Río y el peor momento en el manejo de las relaciones de la región con el gobierno central, luego del desastroso resultado de la gestión de Eduardo Vega Lozano, que en concepto de muchos, resulta hasta el día de hoy, el más mediocre de los gobernadores elegidos.

Recibir el nuevo milenio en Boyacá no auguraba lo mejor: Además de las dificultades en acerías, el gobierno conservador de Andrés Pastrana, había dicho que construir la Doble Calzada de Briceño a Sogamoso era innecesario, que con un tercer carril había; se había enterrado definitivamente la posibilidad de la pavimentación y terminación de la Transversal de Boyacá entre Puerto Boyacá y Monterrey; se habían perdido los 60 millones de dólares que se suponía, deberían ingresar a las arcas del departamento por concepto dela venta de la Represa de Chivor y los recursos que “generosamente” entregó por ese concepto el presidente Samper al Departamento (18 mil millones de pesos de 1998) se habían dilapidado en la “pavimentación” de algunos tramos de vías en el Valle de Tenza, los cuales duraron más haciéndose que destruyéndose.

Tan desastrosos resultados, eran la suma del fracaso de la gestión del gobierno regional desde José Benigno Perilla, quien en 1995, empezó por no entender la importancia y el significado de la sede de los campeonatos mundiales de ciclismo en Ruta, cuyo principal escenario fue el Departamento de Boyacá. Perilla actuó en razón a su sectarismo, en contra del presidente Ernesto Samper, en ese momento en el peor momento por el escándalo de los narco-cassettes, que dieron origen al proceso 8000.

Fuera de eso, la bancada parlamentaria boyacense en el congreso, cuyas figuras más destacadas eran Ciro Ramírez Pinzón, y Jorge Hernando Pedraza que recién había sido señalado de traicionar a Hernando Torres Barrera, no solo protagonizaban las encarnizadas disputas internas, sino que nada hicieron por defender los intereses del departamento, durante un gobierno que estaba bajo la batuta de ese partido.      

Lo que ha pasado desde entonces hasta hoy ha sido el sistemático marchitamiento de la dirigencia, y en consecuencia del Partido Conservador, cuya estocada más reciente se la dio Jorge Hernando Pedraza en 2018, cuando en una de sus maniobras, considerada como la más mezquina, hizo que esa colectividad quedara sin representación parlamentaria, algo impensable al comenzar este siglo. Hoy, sin los dirigentes tradicionales y sin figuras emergentes que lo puedan rescatar, el Partido conservador en Boyacá tiene que soportar otra situación bochornosa, consistente en el lánguido final de la carrera de Pedro Alonso Sanabria, el último candidato fuerte a la gobernación que tuvo la colectividad en 2007, cuando perdió por escasos cinco mil votos, y que ahora se enfrenta a su escandaloso final como magistrado del Consejo Superior de la Judicatura.Así que 20 años de los conservadores desposeídos de las riendas del poder en Boyacá, deberían ser motivo de reflexión para todos ya que a pesar de que en el fondo el pensamiento conservador sigue estando presente en amplias mayorías, la imagen de esa colectividad se ha venido diluyendo y perdiendo fuerza sin que se vea un posible y pronto resurgir, lo cual, a su vez, platea un gran reto y la extraordinaria oportunidad para figuras nuevas que puedan intentar rescatar la colectividad. 

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