Un café para Pedro, desde el Pasaje de Vargas

Foto| Darlin Bejarano

Por | Julio Medrano

Entramos luego en consejo con el renegado.
Cervantes

Cuántos intentos para este párrafo malogrado, de quien escribe esta carta póstuma con la memoria devastada y el puño trémulo, para enseñar al lector el cariño y respeto que siente por quien fuera amigo y guía.

1

La agudeza en la palabra de Pedro Mendieta siempre estuvo la nostalgia por su departamento, el afán por rescatarlo y liberarlo sin tanto eufemismo como en este texto. Abogó por el territorio y la paz. Siempre puntual en lo anunciado, tajante y sin clichés.

En sus charlas técnicas y/o consejos de redacción, como director de EL DIARIO mantuvo la firmeza en su sonrisa y la disposición de escuchar tras una taza de café. De cuando en vez nos recordaba (cuando con el equipo nos pasábamos de creativos), pueda que no me enoje, pero sigo siendo el Director.

2

Acompañarlo a caminar por la Plaza de Bolívar se convertía en un tremendo ejercicio periodístico e impresionante destreza recordatoria. La calle es la oficina, decía.

Rostros cambiantes se posaban frente a él para invitarle a un café porque querían escuchar su opinión, su consejo, su profecía. Después de un saludo, Pedro soltaba una anécdota de hace quince años, con tanto detalle que la historia misma derrumbaba al Shahriar que quedaba con sed de más relatos. Llegaba un nuevo rostro y, sucedía algo que siempre admiré de Pedro, era la capacidad de amoldar su palabra al oyente; era científico cuando tenía que serlo, estadista, economista, académico, artista y, para él, defensor del pensamiento liberal, todo era político, causa primera de sus días.

Poder ver su trabajo de entrevistador fue una cosa como pocas, era una roca paciente en el río, esperaba atento a que el entrevistado por su propia lengua fuese traicionado. Se sumergía en las preguntas que otros obviaban, en los detalles de una aparente nada que resultaba ser un todo.

¿Qué más hace uno con tanta historia sino es escribirla? Los Académicos del Pasaje de Vargas darán fe de su palabra escrita y no escrita.

3

Batalló en sus últimos años junto con Alba, Emma y Camila, a quienes extiendo estas líneas de afecto.

Este abrazo a su parcero, el fotógrafo Hisrael Garzonroa, con quien Pedro compartió una quijotesca aventura por las montañas y ríos de Boyacá, hasta el final.

Atrapado ahora en la distancia, brindo este café contigo, amigo y guía. Ya tendrás el tiempo para escribir la edición mil de tu periódico EL DIARIO en su formato impreso, que por la pandemia de la COVID-19 se te quedó en el número novecientos algo.

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