Tres tristes Cristos: el Cristo piloto de bombarderos

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En días de cuaresma

silvioavendano-caricaturaPor | Silvio E. Avendaño C.

IV

El tercer Cristo que me impresiona es el de un artista argentino -León Ferrari- que, según  el New York Time, es uno de los artistas más provocadores del mundo. A finales de 2004, el arzobispo de Buenos Aires, luego elegido como el Papa Francisco, declaró, en esa ciudad que el Cristo crucificado en un bombardero de los Estados Unidos, bajo el título La civilización occidental, “es una blasfemia que avergüenza nuestra ciudad”, una “burla contra las personas de nuestro Señor Jesucristo y de la Santísima Virgen”. Exhortó a que se hiciera un “acto de reparación y de perdón”.

Hubo  escándalo en Buenos Aires. La exposición fue cerrada por una orden judicial. Ante esto no retrocedió León Ferrari: “A diferencia de la práctica tradicional de los artistas –manifestó el artista plástico- que cuando les censuran una pieza, retiran toda su obra. En este caso por ejemplo, era mejor el espectáculo de la gente afuera que lo que pasaba dentro…Hicieron una misa en la puerta (…) y rezaban el rosario con carteles y figuras religiosas. Hasta me tiraron una granada de gas lacrimógeno. Con la reacción del público las obras se volvieron una verdadera intervención”, declaró Ferrari.

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Muchos católicos acompañaron al arzobispo Bergoglio en su petición para cerrar la exposición retrospectiva del artista, pero también hubo quienes se manifestaron a favor de la obra. Si bien es cierto que una juez dio el veredicto de cerrar la exposición, otro juez dio la orden de reabrirla, pues se estaba atentando contra la libertad de expresión. Vale considerar que el arte se libera de la anterior subordinación al culto ritual y, el arte se transforma en cuestión subversiva.

A lo largo del Siglo XX, desde la Primera Guerra Mundial (1914-1917) la población civil se ha convertido en el blanco de ataque de los ejércitos en las contiendas bélicas. Parece que en la guerra no se diera la batalla entre los ejércitos sino que el conflicto se ensaña contra la población civil. De esta manera, los aviones bombarderos que descargan los explosivos, y los drones que transforman la guerra en un teletrabajo, algo lejano para los pilotos que envían las bombas o para quienes desde el escritorio, tomando café, oprimen la tecla que desencadena el ataque de los misiles. Una vez más se hace presente la pesadilla que mostró Georg Grosz.

La civilización occidental y cristiana se caracteriza porque da pábulo al descarrilamiento de las interpretaciones. Bien puede verse, en la obra de arte una blasfemia y, proceder a la caución que permitió a la Asociación Cristo Sacerdotal la judicialización de la exposición, para cerrarla. Más la obra de arte encierra una función ideológica esencialmente afirmativa, como sucede en Popayán con el Ecce Homo. La obra de arte puede servir para justificar la miseria y para absolver la pobreza de la realidad. También puede verse la obra de arte, en el caso de La civilización occidental y cristiana como un juicio a la historia.

Si bien, Anaxágoras de Clazomene consideró que el nous debe regir el mundo, la civilización occidental y cristiana desdibuja la propuesta racional, dado que los hombres se encuentran enredados en una realidad vulgar, en una exaltación de la violencia y en el refinamiento de la crueldad. Los hombres son acuciados por la necesidad y la miseria pero aspiran a la paz, a la piedad, al amor. Pero de manera paradójica la civilización occidental une la crueldad y la paz.

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