Sobre la historia

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Foto | vía laorejaroja.com

Por | Silvio E. Avendaño C.

No me cabe en la cabeza el peligro de que se intente eliminar el conocimiento de la historia, de la búsqueda de la verdad. Constituye un peligro cuando se pretende echar tierra, olvidar lo que ocurre e imponer un conjunto homogéneo de creencias.

No hay que ir muy lejos o quizá sí, dado que cuando el relato lleva al conformismo y la resignación entonces la historia es buena, conveniente y, de hecho, en la educación se imparte. Así, al llegar a la escuela elemental me encontré en el salón de clase. Arriba del pizarrón se ubicaba el Escudo Nacional y el Sagrado Corazón de Jesús. De esta manera, el origen se encuentra con la naturaleza del hombre, tiene una explicación histórico-mítica. Al iniciarme en la educación, más allá del círculo de la familia, me hallé entre dos mitos que alteraban la verdad sobre la realidad. De una parte, la historia que abría el camino del descubrimiento, conquista, colonia, república y con ello el espacio de la libertad. De otra parte, el mito de la creación, caída, promesa, venida del salvador y final de los tiempos. De esta manera, la escuela no se quedaba en el aprender a escribir y a leer, también llevaba el amor a Dios, a la patria y la bandera. Tanto el mito histórico como el religioso tenían sus ritos, sus héroes y su finalidad. Y, cuestión desconcertante, del tiempo anterior de la llegada de la espada y la cruz no se decía nada. Un continente desierto sin población y sin cultura. Se fundaba sobre la nada. Y se consideró un continente vacío porque lo que se encontró fue descalificado, carente de cualquier valor.

Más ese deseo de echar la historia por la borda no se queda en el pasado. En el presente se busca, con la eliminación de la Jurisdicción Especial para la Paz, borrar el conflicto entre fuerzas de la población civil y los miembros de la fuerza armadas desconociendo los acuerdos de paz, firmados en 2016. De esta manera, se quiere desaparecer la memoria turbulenta cuyo origen se puede rastrear desde el 9 de abril de 1948, la violencia entre liberales y conservadores, la dictadura del Frente Nacional, el surgimiento de la guerrilla, la represión contra el pueblo, los paramilitares, la farsa y el engaño de la supuesta democracia. Parece que se sostuviera que el hombre no es un ser histórico, sino que hay que vivir en el calor del instante, en la pérdida de la memoria y que no es bueno volver la mirada al origen de la situación mísera del presente.

Bien parece que se quisiese imponer la amnesia; en otras palabras: la pérdida total de la memoria que impide recordar o identificar experiencias o situaciones pasadas. Y parece que se quiere otro relato de los hombres y mujeres sin memoria, sin tiempo, como un árbol sin raíces, dependiente de la postverdad y del consumo.

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