Sobre el presente

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Ilustración: Getty Images
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Por | Silvio E. Avendaño C.

Frente a la modernidad que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, por la transformación de nosotros y del mundo, se plantea, hoy en día, que no hay lugar para ello, porque carece de sentido la lucha por la transformación de la sociedad, pues se ha alcanzado el fin de la historia y, que cualquier cambio o transformación no es más que un absurdo.  Es claro que lo que se combate hoy en día no es otra cosa que la “razón” tanto en los fenómenos naturales como en las ciencias sociales. Así se desconoce “la verdad os hará libres”, porque no interesa la verdad, ya que lo que se divulga y se promueve no es otra cosa que los fake news (falsas noticias) y la polarización.

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Mas, no se puede afirmar que hubo un momento en que la “razón” fuese una realidad. Así, si se considera el movimiento de la Ilustración planteado en el Siglo XVIII, en el interés por el análisis de la naturaleza y de la sociedad, tal idea no cuajó en la América Española. Sin embargo, suele decirse que se forjó en el Nuevo Reino de Granada la Expedición Botánica en los ideales de la Ilustración. En realidad. lo que se buscaba con tal expedición, por parte de la corona española, no era otra cosa que el conocimiento de la naturaleza del trópico para la explotación y exportación de materias primas. Es claro que no existía interés por la transformación de la sociedad en la idea de la libertad.

Y esa tendencia ha permanecido. No hace mucho en una convocatoria de ciencias y tecnología (2015) se hizo evidente que los criterios que se establecieron solo cobijaban a las ciencias duras. Además, no hay mayor interés por la ciencia, dado que lo más valorado es el conocimiento práctico. Las ciencias sociales y humanas son consideradas como ciencias blandas. Y, peor, los trabajos de las ciencias sociales no son bien vistos. El día que se publicó La Violencia en Colombia, (1962) obra de Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna y Germán Guzmán Campo se sacaron los tanques de guerra por la carrera séptima en la Atenas Suramericana.

También vale considerar la tradición religiosa de la Reforma y la Contrarreforma. Lutero tradujo la Biblia a la lengua alemana. Con tal trabajo el creyente tuvo que aprender a leer y a escribir. Se superó el analfabetismo y se abrió el camino para la difusión del libro y la formación del público lector. Muy diferente es lo que ocurrió con el catolicismo en Hispanoamérica. El Concilio de Trento prohibió la lectura de la Biblia en cualquier lengua e implementó los catecismos. Con ello no se hizo posible la formación del lector, tampoco la difusión del libro, sino el adoctrinamiento de las masas analfabetas. Es significativo que en 1832 llegó la imprenta a Popayán, un invento de 1440. Vale considerar qué se publicó, quienes fueron los lectores, en un ambiente donde no saber leer ni escribir era asunto de la mayoría.

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