Panorama de un viaje por la república de Colombia en 1823: G. Mollien

"Champan en el río Magdalena (Colombia)”, Ramón Torres Méndez. Ca. 1860.

Por | Jhonathan Leonel Sánchez Becerra, Historiador

Gaspard Thèodore Mollien nació el 29 de agosto de 1796, en París, Francia, en el seno de una familia distinguida que, tradicionalmente, estuvo al servicio del poder de los gobiernos de turno, tanto de la Monarquía como de la República Napoleónica para los que se encargaba de coordinar operaciones financieras. 

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A los 18 años de edad y al tiempo que Francia vivía un periodo de crisis y tensiones profundas, producto de la restauración de la monarquía, luego de la derrota de Napoleón por los ingleses en Waterloo el 18 de junio de 1815. Mollien, se embarcó en su primera aventura viajera al continente africano, experiencia que le infundió el espíritu expedicionario que, luego de terminada, lo llevó a embarcarse de nuevo en otra, en el mes de agosto de 1822, esta vez al territorio americano, desconocido en gran medida por los europeos. 

El viajero dedicó gran parte de su tiempo a elaborar una serie de informes y notas a manera de diario, sobre la organización sociopolítica y la composición geográfica de la naciente Colombia. Desde el momento mismo de su arribo al antiguo puerto negrero de Cartagena de Indias, el 17 de noviembre de 1823, trató de hacer un reconocimiento por el territorio virgen de este país, con el objetivo de identificar la existencia de materias primas y otros productos que pudieran ser comerciados con Francia. 

Por otra parte, es importante mencionar algunos acontecimientos previos a la llegada de este viajero que por la dimensión de sus repercusiones históricas pueden brindarnos un panorama general de la Colombia de ese momento: 

1. Las protestas de los comuneros que se originaron en la provincia del Socorro, el 16 de marzo de 1781, instados por los empresarios, dueños de las tabacaleras y las destiladoras de aguardiente, como Jorge Miguel Lozano de Peralta, Marqués de San Jorge de Bogotá, contra el aumento de los impuestos, bajo la consigna Viva el Rey, abajo el mal gobierno

2. La Real Expedición Botánica del Virreinato de la Nueva Granada que inició el 30 de mayo de 1783, por iniciativa de José Celestino Mutis y por orden del rey Carlos III. Proyecto que tuvo como objetivo catalogar los recursos botánicos de este reino de la España de ultramar y que, si bien, la intención de la expedición era de orden científico, correspondió a una serie de enmiendas económicas denominadas Reformas Borbónicas

3. La instalación de la Junta Suprema de Gobierno en Santafé el 20 de julio de 1810, que produjo la famosa “Acta de la Revolución” de los españoles americanos –criollos- contra la invasión francesa de España. 

4. El interregno o Patria Boba, periodo entre 1810 y 1816 que trajo la guerra civil al interior del Virreinato de la Nueva Granada, entre los partidarios de dos modelos políticos y económicos diferentes, el centralismo propuesto por el General Antonio Nariño, Presidente del Estado Mayor de Cundinamarca y el federalista de Camilo Torres, Presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. 

5. La campaña libertadora que, liderada por Simón Bolívar, significó la expulsión de los realistas de gran parte del interior del Virreinato de la Nueva Granada con la Batalla del Puente de Boyacá el 7 de agosto de 1819. 

En ese orden de ideas, es posible comprender el estado de crisis y tensiones: sociales, culturales, políticas y económicas por las que atravesaba la reciente República suramericana para 1823. Las consecuencias de la independencia de España, implicaron una nueva dependencia de Inglaterra y Francia que reguló; la reconstrucción y creación institucional, la vida de los ciudadanos y la configuración de Colombia en el mundo hasta finales del siglo XIX. 

Fue ese el país que se aventuró a conocer en su primera vista Gaspar Mollien; y, así, las notas más frecuentes en su obra, publicada en París y titulada, Viaje por la República de Colombia en 1823, hacen referencia a las incomodidades del desplazamiento debido a la precariedad de las vías de comunicación, que hacían prácticamente imposible el tránsito por ellas. Mollien, luego de su desembarque en Cartagena se puso en marcha camino a Bogotá por la vía fluvial del río Magdalena, y se ocupó, aunque de manera muy general, de hacer una breve descripción de las regiones y poblaciones a su paso, incluyendo sus respectivos climas, cultivos y las características particulares de sus habitantes (fenotipos). 

Claro está que circunstancias como el tiempo y los recursos fueron determinantes para sus apreciaciones. Llegó a comparar en repetidas ocasiones nuestras regiones con las calurosas y agobiantes selvas africanas, pero también, se maravilló de encontrar en medio de semejantes extensiones de tierra tropical, cercanas al Ecuador, ciudades tan altas y frías sobre el nivel del mar con climas comparables a los de cualquier ciudad europea. 

La impresión que sobre la organización de la república dejó Mollien, fue la de un país en ruinas, en el que todas las cosas estaban por hacer, una incipiente producción, precarias condiciones sanitarias y la poca explotación de sus recursos naturales, mineros y agrícolas, entre otros. Continuamente se encuentran en su obra referencias como: 

No hay nada más espantoso que un viaje por el Magdalena; ni siquiera la vista se recrea, pues sus márgenes fértiles que deberían estar cubiertas de cacaotales, de caña de azúcar, de cafetos, de algodoneros, de añil, de tabaco; esas orillas que deberían ofrendar al viajero sediento todas las frutas deliciosas del trópico, que deberían esmaltarse con tantas flores hermosísimas, están, por el contrario, erizadas de malezas, de bejucos, de espinas, de entre las cuales emergen cocoteros y palmeras

Al referirse a la organización social y urbana de Bogotá, Mollien planteó continuas comparaciones con las ciudades y costumbres europeas, haciendo evidente las diferencias a todo tiempo desfavorables, en relación al refinamiento de las maneras de los habitantes y la frágil arquitectura de la ciudad capital. El viajero se quejaba de la falta de parques y del deterioro de los edificios institucionales. 

Finalmente, las apreciaciones consignadas por el joven Mollien en su viaje de 1823, acerca del deterioro de Colombia, son comprensibles como consecuencias de los estragos de la guerra y la descomposición social y espiritual de los colombianos producto de la violencia civil, pero su obra toma mayor relevancia cuando observamos, 196 años después, que sus cuestionamientos sobre el desarrollo del país, en muchos aspectos, siguen vigentes. 

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