¿Nueva época?

Foto: vía El Confidencial

Por | Silvio E. Avendaño C.

En el cielo azul de los años noventa, del siglo XX, con el derrumbe del socialismo real se tuvo la ilusión de una nueva época con el neoliberalismo, en otras palabras, la democracia del voto y la economía de mercado.

Casi tres décadas después, los procesos electorales, sobre los cuales se erige el juego democrático, son negocios que funcionan de arriba abajo, gestionados por una élite auto elegida, que raramente informa al público de sus acciones, y… los votantes aceptan lo que se les ofrece.

 A su vez, la economía de mercado llevó a la apertura económica y, con ello, se eliminaron las aduanas. Los grandes consorcios internacionales establecieron las plazas de mercado en las plataformas y centros comerciales de las ciudades. Una de las razones que se adujo para hacer posible la apertura económica, fue crear competencia a las empresas nacionales.

Y se hizo con tanto éxito la competencia que la mayoría de los productos de consumo son importados, destruyendo la producción nacional y, generando una sociedad que poco produce, en la cual no hay trabajo, a no ser “el de los importadores.”

 La austeridad, se ha aconsejado, pero es mejor imponérsela a los trabajadores y a la clase media, recortando salarios y, a su vez, llevando a una política en que los que más tienen no tributan o bien llevan los capitales a los paraísos fiscales. Y, con el neoliberalismo se consideró que el Estado debía abandonar la salud, los servicios sociales y la educación. Las empresas públicas dizque no eran eficientes y que, por consiguiente, la mejor política era que debía pasar lo público a la empresa privada.

Las protestas y los paros en general han sido sectoriales. Por eso es llamativo lo ocurrido en tiempos de pandemia, cuando se ha hecho presente una insurrección popular a la que se ha querido desprestigiar incitando al vandalismo y a los bloqueos. Pero no se quiere mirar el fondo del asunto que es la presencia de los jóvenes, a los cuales se les ha bautizado con el nombre de la generación nini, en otras palabras, ni educación ni trabajo.

Aunque al mirar con detenimiento los centros de formación técnica, tecnológica o universitaria bien se puede decir que el número de graduados es mínimo en comparación con los que no tienen acceso o, bien que llegan a los centros deformación pero que desertan. Por lo tanto, el problema se encuentra en que quienes se forman como técnicos, tecnólogos, profesionales universitarios no llegan a tener trabajo, como tampoco quienes no tuvieron ni la posibilidad de estudio o quienes abandonaron las aulas. Lo real es que no hay posibilidades de trabajo, ya que, como antes se ha indicado, tanto la agricultura como la industria, desde hace un tiempo han venido a menos, a raíz de la implementación de la apertura económica.

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