Lo vigente

Foto | vía thebogotapost.com

Por | Silvio E. Avendaño C.

Disminuye el miedo a la pandemia mientras la prometida vacuna llega a cuentagotas. Las calles están pobladas de hombres y mujeres que salen de las casas, a pesar de la incertidumbre. Los automotores circulan veloces hasta llegar al trancón. Los accidentes de motos se disparan y, el robo de las bicicletas está a la vuelta de la esquina. La exhortación al uso del tapabocas, al lavado de manos, guardar la distancia y el peligro de la aglomeración depende de las circunstancias.

Y, viene el recuerdo de la celebración del 20 de julio hace años. Entonces, era obligatorio que las escuelas, colegios e institutos salieran al desfile, al son de las bandas de guerra, para llegar al parque o la plaza principal, al acto conmemorativo, en el cual los discursos de los políticos se elevaban como las palomas para finalizar con el religioso Te Deum, (A ti Dios), para agradecer la Independencia. Mas, luego hubo cambios en la fiesta nacional pues los castrenses, con todos los soldados salían a marchar, y las palomas de las plazas se asustaban al vuelo raudo de la aviación. Y, en este día ventijuliero, la cosa es diferente porque las manifestaciones y protestas desbordan la inconformidad, dado que la multitud se escurre por las calles sin llegar a la plaza principal, mientras los helicópteros aletean en el cielo su tuntún. Y en lugar, de coger el toro por los cachos el gobierno se encierra en la telaraña de discursos represivos, llegando a proponer una ley para acabar con las protestas populares. Y, para amenizar la celebración los alcaldes han decretado el toque de queda y hay ley seca.

 Y en el devenir de los días las paradojas se hacen presentes sin que se vea la puerta de salida. En el aire flota el tiempo de la globalización, pero lo cierto es que se establece la ley de la frontera. La buena palabra es el mestizaje, pero por los media se escapa el miedo a los indígenas. Lo real es el impulso a la acogida, pero cada día sopla la furia de la expulsión. Y la predica de la libertad es constante, no obstante, cada día se levantan muros.

Todos los días se anuncian cambios, pero se vive nostalgeando lo inconmovible. Y la igualdad es el pan de cada día en los discursos, pero en el áspero suelo se respira la desigualdad. Y, lo más importante: la fraternidad de que todos somos colombianos en los discursos políticos, pero a la vuelta de la esquina está la desunión y la animadversión. Y, la economía se encuentra de capa caída pero las importaciones crecen en desmedro de la producción nacional. 

Y, viene el 30 aniversario de la Constitución que le da orientación al Estado, pero se vive como si el Estado no existiera, en una selva de rencor, guerra y violencia. Y, se alardea que se vive en una comunidad política que encarna la democracia, pero los hechos huelen a autoritarismo.

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