La economía boyacense frente al riesgo de estanflación

Foto | Greg Baker – Getty Images

Es bueno que el próximo gobernante del país recuerde que las políticas de demanda: gastar hasta no poder e imprimir a lo maduro, no han funcionado. Nos encaminan hacia el riesgo de estanflación.

Por | Zully Orozco – Economista e investigadora – Economista Liberal y apartidista

Zully Orozco | Economista e investigadora

Esta semana el Banco Mundial (BM) advirtió sobre el desafío que enfrenta nuevamente la economía global ante el riesgo de estanflación: una situación temible en la que converge un incremento sostenido de los precios y un crecimiento económico lento. En su informe más reciente, el organismo alertó sobre esta posibilidad, proyectando que el crecimiento mundial sufriría una contracción en 2,7% entre 2021 y 2024, al tiempo que disparo las estimaciones de inflación. En pocas palabras, prevé que avanzamos hacia una ralentización de la actividad tal como estábamos antes de la crisis por la pandemia (crecimiento lento y desempleo elevado) solo que con inflación.  

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El recorte de las estimaciones para Colombia ha sido igualmente agresivo. Si bien las proyecciones del Fondo monetario Internacional (FMI) siguen viento en popa, esperando un repunte del PIB cercano al 6% al finalizar 2022, se advierte sobre una caída al 3% en los siguientes dos años. Un importante desplome de la actividad reforzado por una brutal inflación que cerrará el año por encima del 6,7% y se prevé se mantenga muy por arriba del rango meta en 2023.

Frente a las negativas estimaciones, la posición del gobierno parece no mostrar ninguna preocupación por el mañana. Celebra a bombos y platillos el nuevo record que espera bata el crecimiento económico del país al finalizar el año, así como festeja que el empleo se eleva y el desempleo se reduce, pero menosprecia que la inflación sigue empobreciendo a la población por el alza generalizada de los precios además de que la ilusión de riqueza que mantiene al menos, hasta ahora, la ocupación en plena recuperación y el consumo y la inversión en alzas, será por breve tiempo, y perderán impulso a partir de 2023 conforme se retire más rápidamente los estímulos monetarios y fiscales de la economía.

De esta manera, tal y como se observa en la tendencia nacional durante el último trimestre, la economía boyacense ha venido registrado un importante crecimiento y una disminución del desempleo, producto, en su mayor medida, del repunte transitorio. La actividad industrial tuvo un crecimiento real del 9,3% mientras que el desempleo en Tunja logró reducirse en 3,5 puntos porcentuales, ubicándose cerca del 16,4%. De la misma forma, la creación continua de nuevos puestos de trabajo impulso la demanda interna y produjo una caída de la informalidad en 5,6% (BER).

No obstante, a la par de los buenos datos y tal como se observó en el país, la inflación se disparó. Recordemos que en mayo la tasa interanual del IPC para la ciudad de Tunja se ubicó en el 9,86%, se trata de una cifra que cada vez preocupa más porque las familias están perdiendo permanentemente poder adquisitivo.

Cabe preguntarnos, ¿por qué se ha dado esté rápido crecimiento de la economía y caída del desempleo al tiempo en que ha aumentado la inflación? La razón es porque las políticas que han puesto en marcha el crecimiento de la actividad y el empleo, son las mismas que han alimentado los malos datos de la inflación.

Todo empieza porque el gobierno cree que el problema de la economía está en la demanda. Por esta razón, expande agresivamente el gasto fiscal y genera mega inyecciones de liquidez con el objetivo de alcanzar un crecimiento económico más rápido y una tasa de desempleo más baja. En consecuencia, el dinero entra a la economía y aumenta la demanda por bienes y servicios, lo que, a su vez, amplía la demanda de trabajadores por parte de las empresas para aumentar la producción, conduciendo a una caída del desempleo. Sin embargo, el costo de crear empleo de la nada y de acelerar artificialmente el crecimiento, es una inflación más alta.

Los grandes estímulos que el gobierno implemento desde la pandemia han conducido justamente a ello: a que la economía opere a máxima capacidad y que hogares y empresas se sobre endeuden para consumir e invertir. Únicamente en Boyacá los créditos para el sector agropecuario han tenido un crecimiento anual de 16,4%, equivalente a $5,6 billones, mientras que la cartera hipotecaria se ha elevado en un 11% correspondiente a cerca de $6,5 billones (BER).

Es precisamente por lo anterior que, una vez el gobierno retire los estímulos, elevando la tasa de interés y recortando el gasto fiscal para contener la inflación, presenciaremos una desaceleración progresiva del crecimiento y del empleo. Es por esta razón que el Banco mundial advierte del riesgo cada vez más creciente de estanflación.

Y ante este escenario, es bueno que el próximo gobernante del país recuerde que las políticas de demanda: gastar hasta no poder e imprimir a lo maduro, no han funcionado. Solamente empobrecen y producen caídas más fuertes del PIB. Las políticas de aquí en adelante deben orientarse a fortalecer el tejido empresarial y liberar el ingreso de las familias ahogados por la inflación, disminuyendo los impuestos, así como eliminado las trabas a la contratación de empleo formal para que la economía vuelva a generar puestos de trabajo con fluidez.

Solo vote por el que considere que la mejor forma de generar crecimiento y empleo es promoviendo la actividad empresarial además de que luche contra el empobrecimiento masivo de las políticas socialistas de expansión fiscal y monetaria que nos han traído hasta aquí.

[1] BER (2022) Boletín Económico Regional del Banco de la República. Nororiente, I trimestre de 2022. https://repositorio.banrep.gov.co/bitstream/handle/20.500.12134/10358/ber_Nororiente_I_trim_2022.pdf


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