La declinación de la res-pública en res-privada

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Foto: Édgar Estupiñan / @edgarphotodj
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Por | Silvio E. Avendaño C.

Cuando la pandemia crece uno que otro caballo desmirriado de los pobres lleva cartones, deshechos, frascos y plásticos. Hombres sudorosos cavan zanjas en el centro de la ciudad sin protección alguna. En las esquinas, aceras, bajo parasoles las ventas informales le dan un colorido vital a la ciudad como  en tiempos de “normalidad”. El comercio formal abre sus puertas a los clientes.

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Los vendedores ambulantes vocean: “huevos a siete mil pesos”, “gallina muerta a catorce mil.” Los venezolanos frotan jabón en los panorámicos, mientras en la burbuja de los autos los dueños reniegan. Y, el ruido de motos, autos, ambulancias, buses, camiones, tractomulas se esparce por la ciudad. Sin embargo, se pregona: “Estamos en cuarentena”, “Quédese en casa”. Los lugares de reunión: cines, estadios, iglesias, bibliotecas, teatros están cerrados. Los media  difunden los fake news –noticias falsas- pregonando la postverdad. En el ciberespacio las emisoras, los periódicos anuncian el pico y el descenso de la curva.

La cultura no busca el viaje alrededor de sí mismo sino la distracción, el entretenimiento, no el anhelo de un mundo bueno y perfecto, la gran esperanza del hombre. Las colas crecen en los bancos. La promesa de la vacuna supuestamente espanta al virus, pero, ¡qué va!, el covid sigue su ascenso acompañado por los desempleados. En realidad somos ignorantes, porque creemos que sabemos, mas desconocemos que la red de nuestra vida se erige sobre el microcosmos, el cual no se guía por la inercia de la causalidad. Un universo que no se percibe con los sentidos pues es el cosmos microscópico.

Quienes poseen algo hacen cuarentena infectados de irritación, aburrimiento, insensibilidad, con el pánico de que “lo peor todavía no ha llegado”. Los quejosos de la ley lamentan la irracionalidad de las gentes: “cómo se les ocurre estar en la calle, indisciplinados, desobedientes, anárquicos, no aceptan el encierro.”

Y, de la mano de la epidemia viene la crisis de la república, la forma de gobierno establecida desde las primeras décadas del Siglo XIX. En lugar de tener un monarca en quien se concentraba el poder se dio la “lucha” para hacer posible la república. Con esta forma de gobierno se superaría la autoridad y la obediencia y se haría posible la igualdad y la libertad.

División de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Nacieron las instituciones de la república, pero hoy se privatiza la educación, la salud, no hay empleo ni trabajo. Las instituciones republicanas cayeron en manos de la corrupción y el interés privado. Los procesos electorales esconden del fraude, la compra de votos. El descrédito de la institución armada hasta por las chuzadas. El Estado republicano declina  porque quienes llegan a las instituciones no están interesados en la realización de lo público sino en el auge de los intereses particulares o privados.

Y, lo peor ante la evidencia de la corrupción y el narcotráfico no se recurre a la racionalidad sino que se asume la polarización y a negar los delitos que se encuentran a la luz del día.

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