La abstención, el gran riesgo para marzo próximo

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Partidos sin propuestas y ausencia de liderazgos  

Entrada la recta final del proceso que llevará al año electoral que se aproxima, la situación política del país y en particular la de cada región plantea interrogantes de preocupación; en el orden nacional, la polarización en torno al proceso de paz, de hecho, ya es un asunto de proporción mayor que de no encontrar el camino indicado para implementar los acuerdos, lograr mínimos de reconciliación, de respeto por la diferencia, permitir que surjan nuevas formas de participación y sobre todo que se respete la vida, el país pudiera estar ad portas del comienzo de un nuevo e inédito ciclo de violencia, tal como ha sucedido a lo largo de los 200 años de independencia.

En los niveles regionales, muchas comunidades esperan que algún día, que ojalá sea pronto, tengan una oportunidad para salir de específicos problemas que hasta ahora no han tenido solución. Y en muchos otros lugares del país, que han sido también los escenarios de la violencia, el anhelo principal es el de que cese la violencia de forma definitiva o que jamás se vuelva a presentar.

Del otro lado está la corrupción como el telón de fondo de otros tantos males que hacen de la sociedad colombiana una de las más desiguales del mundo, donde un enorme segmento de la población está sumida en la pobreza y la miseria, excluida de las oportunidades, lejos de los mínimos  de bienestar que hoy se pueden alcanzar. La corrupción se convirtió en el más poderoso y demoledor instrumento para frustrar cualquier proceso de cambio hacia mejores horizontes.

En medio de la incertidumbre que producen estas realidades del país, se ingresa en la etapa abierta de campaña, inicialmente para el Congreso, espacio que delineará el camino a seguir en la decisión por la orientación y el nombre de quien será el próximo Presidente de Colombia, donde todo apunta a que la izquierda, como siempre, sigue profundamente dividida, sin fórmula de acuerdo, mientras las derecha no escatima en ningún esfuerzo para hacer frente común y quedarse con el poder.

En el caso del departamento, en efecto, todas las fuerzas están representadas en las distintas listas que, al final, resultaron en diez. Hay listas compuestas por nombres de distinto origen, tal como sucede con Cambio Radical, otras que apostaron por la renovación total como la del Partido Liberal; las que tuvieron dificultades para su formación como la del Partido Conservador y la del mismo Partido Verde; o donde la experiencia electoral con una militancia definida, como sucede con el Polo, tampoco pudo conformar una lista que siquiera recupere la fortaleza de otras épocas cuando alcanzó, por lo menos, un renglón en la Asamblea y tuvo opción real para la gobernación del departamento en los tiempos del padre Gustavo Suárez hace quince años. O listas como la del Partido de la U  y el Centro Democrático, donde la primera, a pesar de tener a las dos figuras que obtuvieron hace cuatro años los respectivos escaños en la Cámara, hoy estarían en dificultades para conservar siquiera un renglón; mientras la segunda, terminó formada por figuras que hasta ahora no habían militado en ese partido.

En cuanto a las listas emergentes, que son la de Mais y de la Decencia, esfuerzos muy interesantes de sectores alternativos, son apenas embriones cuyo futuro es aún más incierto, mientras que el Mira le sigue apostando a la lealtad y compromiso de sus seguidores en la iglesia donde habrá que ver cómo evolución esta relación que hasta ahora ha dado buenos resultados para sus promotores, interesados en el poder real de este mundo.

Lo que se ve es que, tal como están las cosas, ninguna de las listas en su conjunto, y en particular ninguna figura, despiertan el entusiasmo masivo que permita predecir resultados seguros.

6 de cada 10 Colombianos que podían votar decidieron no hacerlo en las elecciones pasadas.

Participación o abstención

En este escenario, la gran incertidumbre de la actual campaña va a ser la participación ciudadana en marzo. Por eso la incógnita en este momento es si las listas conformadas por cada partido, junto con sus propuestas y métodos, logran despertar el interés de los votantes para que estos se hagan presentes en el número mayoritario para determinar el nombre que quieren ver como su representante. ¿Qué tanto entusiasmo van a lograr despertar los partidos y en particular cada candidato para convencer al mayor número posible de lectores para que salga a votar el día de las elecciones?

El panorama indica que lo más probable es que a las elecciones de marzo, el grueso de la población, ante las circunstancias de polarización y los escándalos cada vez peores de corrupción, decida no participar. Si esto sucede, se puede prever, sin mayor esfuerzo, que la crisis avanzará y se agudizará, lo cual seguirá siendo nefasto para un departamento como Boyacá que tanto se ha venido a menos en la mayoría de sus indicadores en las últimas décadas ante la ausencia de propuestas y liderazgos que representen objetivos de transformación y progreso.

Si la abstención se dispara, siendo que de todas formas habrá elegidos de acuerdo con lo que establece la ley, es evidente que los primeros favorecidos serán aquellos que tengan en sus manos el poder de la maquinaria, así que el clientelismo y la manipulación de los presupuestos públicos, serán los grandes protagonistas, lo que a su vez aumentará la percepción de la corrupción, agudizando la desconfianza y la apatía entre los ciudadanos.

Enseguida  estarán los que muestren el músculo económico necesario para movilizar a sus electores a punta de dádivas o de la compra directa del voto, lo cual tendrá consecuencias aún más nefastas, donde el primer efecto será el de llevar los costos de la campaña a niveles astronómicos, lo que a su vez es la antesala de peores males, ya que los que salgan elegidos por esa vía aumentaran la desconfianza del ciudadano, ante la conclusión sencilla de que no estarán invirtiendo para perder; y recuperar esa inversión no sucede por fuera los dineros públicos y las demás ventajas que ofrece el acceso al poder, así que el aumento de la corrupción queda asegurado.

El tercer camino es el voto de opinión, que en las condiciones de esta campaña resulta el de más dificultad para el caso de Boyacá, ya que en el horizonte no hay ni un partido ni las figuras individuales que despierten el entusiasmo para propiciar la participación del llamado segmento de opinión que pudiera ser en un momento el mayoritario. Mover la opinión, que es superar la apatía y la indiferencia por encima de los temas partidistas, no es tan fácil, no por lo que signifique en recursos económicos, sino porque no hay ni figuras ni propuestas.

En estas condiciones, los partidos, tal como quedaron representados en cada una de sus listas, tendrán que hacer su mejor esfuerzo para que en estos tres meses se logre despertar el interés de la participación ciudadana para que al final los elegidos, no solo tengan la divisa de la legalidad sino que alcancen la legitimidad necesaria que solo la da el caudal de votantes que representen, ya que el hecho de una baja participación aumenta el divorcio entre elegido y elector y, peor todavía, con el mayor número de ciudadanos que serán los que no participan.

Entonces, al representante no se le puede pedir nada, ni este tiene la obligación estricta, creando un círculo vicioso cuyas consecuencias se vieron en el periodo que acaba de pasar, donde la representación política del departamento poco o nada tuvo que ver con la solución a los grandes temas que afectan esta sociedad.

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