Investigaciones y recompensas

Por | Silvio E. Avendaño C.

Quiero saber ¿quién fue? Quiero saber ¿por qué sucedió? ¿Quién lo mató? ¿Fue el ratón Mickey? ¿Operaciones encubiertas del Tío Rico? ¿Las fuerzas oscuras? Busco en los diarios aclaraciones, pero la prensa me deja peor. En la televisión me pierdo en los noticieros con la belleza de las cuchibarbies y, por la radio nado en la publicidad. Y en las redes los mensajes y masajes son tan cortos. Lo cierto es que él cayó. La sombra se diluyó en la acera. Alguien lo cubrió con una sábana blanca mientras la sangre se deslizaba hacia la alcantarilla del olvido. Y llegaron las sirenas y ambulancias para disputarse el cuerpo. Y los curiosos aterrados fueron desplazados cuando aparecieron los representantes de oficio para hacer el acta de defunción y comenzar la investigación.

Y, con la investigación, esa actividad que busca conocer la verdad de las muertes, asesinatos, corrupción, desplazamientos, atentados, desfalcos, robos, en fin, todo genero de delitos y, que pretende encontrar la verdad de los asuntos se ha hecho posible eliminar el desempleo y, de esa manera comenzar a recuperar la economía. Para hacer posible que los delitos no queden sin sanción las autoridades se han dedicado a buscar espíritus curiosos, especialistas, conocedores del método científico para rastrear los móviles de los delitos y atrapar a los delincuentes. Asimismo, al llegar al fondo de los hechos, circunstancias, motivos y el establecimiento de responsabilidades, el Estado creó el quehacer de investigador o mejor de detectives. Y como son tantas las conductas típicas, antijurídicas, y culpables, el Estado decidió que para cada transgresión de la ley se nombra un investigador. Y solucionando el desempleo tan tenaz, en tiempos del covid, cuando se llegó al quid con el nombramiento de funcionarios. Sólo que no faltan los problemas dado que no se conocen los resultados de los rastreadores es decir que las búsquedas no llegan a ningún resultado porque los sabuesos terminan exhaustos…

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Y, ¿a dónde vana ir las finanzas del Estado si por cada delito, según cuentan los diarios, la radio, la televisión, las redes sociales, se ofrecen pagos? No es raro escuchar que se prometen cinco, treinta, cien, quinientos millones, etc.  cotidianamente para la captura de los forajidos, la recuperación de cosas, o el rescate de personas. Un estímulo para aquellos que viven de conseguir el dinero como son los caza-recompensas. Solo que como lo plantea Mafalda: “No vaya a ser que por buscar salidas nos quedamos sin entradas. ¡eh!”.

Y, con tales medidas económicas, que no llevan a la fabricación de mercancías, en ese proceso de producción, distribución, mercadeo y consumo, si bien se soluciona el problema del paro con el nombramiento de innumerables investigadores y con las incontables recompensas pagadas, el Estado va a terminar quebrado, con el inconveniente que no se llega a saber que sucedió con cada una de las pesquisas, al mismo tiempo que las arcas del Estado quedan vacías por tantas propinas que pagar.

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