Escuela con fosa común

Por | Guillermo Velásquez Forero

Guillermo Velázquez

Otro genocidio para incluir en la historia universal de la infamia de la Iglesia Católica, que opera en el ámbito mundial y que, en muchas épocas y en distintos lugares del mundo, se ha desempeñado como una organización criminal. Muy acorde con la santidad, que es una pasión diabólica que atenta contra la vida y el porvenir de la Humanidad, porque procura el exterminio de nuestra especie (como lo sentencia Cioran). Han descubierto una fosa común con restos de 215 niños, algunos de apenas 3 años de edad, localizada como una propiedad privada de una escuela de exterminio de indígenas denominada Kamloops Indian Residential School, en Columbia Británica, en el oeste de Canadá. Este antro infernal disfrazado de institución educativa, se inauguró en 1890 y empezó a ejercer sus actividades criminales bajo el poder tenebroso del Vaticano. Aunque operaba bajo el terror de la administración católica, sus monstruosas acciones obedecían a una política colonial de lavado de cerebro y aculturación de las naciones indígenas de Canadá. La Iglesia en contubernio con el poder civil de los asesinos, como siempre y en todas partes del mundo. Este matadero de infantes llegó a tener, en confinamiento y en proceso de extinción, a 500 niños, hacia 1950. El gobierno civil asumió su administración en 1969, cuando los sicarios de dios se cansaron de asesinar ángeles; y fue clausurada en 1978. La presunta escuela era un campo de concentración católico dedicado al exterminio de la cultura y el pueblo indígena Tk’emlups te Secwepemc. Su método nazi consistía en secuestrar los niños, separándolos para siempre de sus familias, y someterlos a un proceso de aculturación que incluía prohibirles hablar su idioma nativo y practicar sus ritualidades culturales. Y los religiosos infanticidas tuvieron mucho éxito: desaparecieron más de 150.000 niños, de los cuales sólo se han podido identificar 4.100. Estos datos son resultado de investigación de una comisión llamada Proyecto Niños Desparecidos, creada en 2008, cuyo informe Verdad y Reconciliación se publicó en 2015. Los matarifes divinos se apropiaban de los niños y los manipulaban, maltrataban, violaban, asesinaban y enterraban en fosas comunes dentro de los predios de su “escuela”. Nuevos descubrimientos, como el del Internado indígena Marieval (en territorio de la etnia Cawessess), elevan la cifra a más de 1.100 restos de niños. Esos monstruos del cielo, semejantes al genocida de jóvenes colombianos Álvaro Uribe, gozaron de impunidad. En 2008, el gobierno canadiense se disculpó por el genocidio. Pero no hay perdón y, mucho menos, olvido: los asesinos tienen que ser judicializados y condenados en vida, no cuando los malparidos y malditos ya estén muertos. Pero hay buenas noticias: en Canadá empezaron a quemar iglesias.

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