¡Es hora de que el Concejo de Tunja deje de ser un comité de aplausos!

Foto | El Diario

Por: Daniel Triviño

Bastante caro le ha costado a los tunjanos la elección de concejales sin carácter y sin amor por su ciudad. Se vio en el periodo pasado con la aprobación de un empréstito de forma irresponsable, que terminó siendo demandado y con la declaratoria de nulidad de tres de sus artículos, además de los cuestionables resultados, pues las obras que se llevaron a cabo con esos recursos terminaron remendadas en menos de lo que vota someramente un concejal.

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Varios de esos cabildantes hoy repiten curul, y hoy repiten esa conducta tan irresponsable de aprobar sin llevar a cabo un debate juicioso sobre lo que es verdaderamente conveniente para la ciudad.

Con el primer empréstito de la Administración Cepeda se dejó a la ciudad con una deuda superior a los 80.000 millones de pesos, que a su vez comprometió la detinación de cerca de 10.000 millones al año en pago de crédito e intereses., Con esos recursos se realizó la modificación de la Plaza de Bolívar, que hoy ya presenta algunos daños en el tan alardeado mármol travertino; se inyectaron recursos para la construcción del Patinódromo, que hoy presenta más de 20 fallas en su infraestructura; convirtiéndose en el patinódromo más remendado de América Latina, y  se invirtió en la infraestructura educativa de la ciudad, siendo que uno de esos colegios, presentado como “el colegio diez”, terminó teniendo carencias de infraestructura y fallos de planeación que durante este año han sido motivo de debate en el Concejo.

Esto evidencia que para ese empréstito la discusión superflua, carente de tiempo de análisis, de juicio y de criterio entre los cabildantes que hoy mismo meten la mano al fuego por una nueva operación de crédito, la más grande que se recuerde en la capital boyacense.

Hoy Tunja está repitiendo esa lamentable historia. Los concejales parecen haberse puesto de acuerdo para aprobar el empréstito, incluso desde antes de que el proyecto hubiese sido presentado formalmente a la corporación.

No es posible que un proyecto, que pretende endeudar a la ciudad por 94.000 millones se debata y se apruebe en sesiones extraordinarias, a pupitrazo, a las carreras, durante las fiestas de fin de año, como habitualmente se aprueba cada proyecto que va en contra de los auténticos intereses de la ciudadanía; sin la discusión necesaria de un movimiento tan importante, sin analizar el impacto que tendrá esto en el bolsillo de los habitantes de la ciudad.

No es aceptable que en la primera sesión dedicada al debate de tan determinante iniciativa, no se haya hablado ni una sola vez sobre la deuda que actualmente hoy tiene la ciudad, ni sobre el impacto que esto tendrá en el mediano plazo, más aún en tiempos de pandemia y pospandemia, cuando las necesidades de la ciudad pueden ir más allá de unos salones comunales “autosostenibles”.

Solo basta recordar los primeros meses de 2020, cuando el alcalde Alejandro Fúneme iba a con el paraguas abierto diciendo que tenía poco margen de maniobra porque su antecesor había dejado endeudada a la ciudad.

Tampoco es muy sano que el Concejo dé el visto bueno a una iniciativa que se ha manejado por debajo de la mesa, que salió a la luz porque se filtró a los medios de comunicación, pero que no se ha querido socializar con las comunidades, y que de no haber sido por dicha filtración, seguramente se estaría manejando con hermetismo, reserva y poca transparencia. Tanto así que en el primer debate del proyecto los mismos concejales demostraron un absoluto desconocimiento sobre el alcance de los proyectos, como fue el caso de lo planteado respecto a proyecto de vivienda rural.

En la discusión de este proyecto los cabildantes no pueden escudarse en ese desgastado discurso de que a Tunja le hace falta una y otra cosa, que solo podrá ser satisfecha mediante una deuda que vale la pena a cualquier costo. Tunja no necesita incrementar una deuda que le ha venido agobiando desde hace una década, Tunja necesita que sus mandatarios sean diligentes.

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