En qué son distintos de nosotros

Foto | Hisrael Garzonroa

Por | Ana Milena Nuñez / Abogada Magister en Derecho Público y DDHH

¿Depende de mil leyes universales o solamente de algunos individuos? Fue unos de los grandes interrogantes que Oriana Fallaci se cuestionó cuando consolidó sus grandes entrevistas a veintiséis personajes políticos de la historia contemporánea en los años setenta.

Realmente es lo que estamos viviendo en Colombia en este momento, solo algunos individuos están a cargo de nuestras políticas, guías, desarrollo y democracia dentro del estado social de derecho, y es en ese momento cuando el pueblo grita por cambios, por compromisos verdaderos, por diálogo y políticas sostenibles en el tiempo pero más aún individuos que realmente representen nuestros intereses.

Oriana Fallaci señala que no consigue “prescindir de la idea de que nuestra existencia depende de unos pocos, de los hermosos sueños o de los caprichos de unos pocos, de la iniciativa o de la arbitrariedad de unos pocos. De estos pocos que, a través de las ideas, los descubrimientos, las revoluciones, las guerras, tal vez de un simple gesto, el asesinato de un tirano, cambian el curso de las cosas y el destino de la mayoría”.

El pueblo colombiano se ve inmerso en estas grandes hipótesis y se impone una gran brecha de impulsar un diálogo entre los verdaderos actores sociales y la institución, que es cada vez más difícil y se da por concluir que debemos replantear las individuos que nos representan, y por supuesto la gran evidencia de esta idea, lo son las aprobaciones e hundimientos de los proyectos en el congreso de la república, en contra de la misma población, en estos últimos días. Entonces nos preguntamos, ¿quiénes somos? ¿Rebaños impotentes en manos de un pastor? ¿Material de relleno?

El punto de partida de esta crisis social y política, enfrenta desafíos importantes ante la institucionalización del diálogo social, un diálogo coherente y eficaz que genere un compromiso interno y que impulse los procesos e igualmente reconstruya la confianza en las instituciones y en los interlocutores del pueblo.

Que realidad tan alarmante que no me queda más que expresar en el mismo sentido la gran conclusión de Oriana Fallaci “Me comporto oprimida por mil rabias y mil interrogantes que antes de acometerlos a ellos me acometieron a mi, y con la esperanza de comprender de qué modo, estando en el poder u oponiéndose a él, ellos determinan nuestro destino”.

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