El trono vacío

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Sin que quepa la menor duda, la devoción del pueblo boyacense y en particular del de Chiquinquirá por la Virgen del Rosario, volvió a quedar más que demostrada en estos días en los que el cuadro de esta advocación fue descendido de su trono para ser llevado a Bogotá con motivo de la visita del Papa Francisco.

La madrugada del viernes primero de septiembre queda para la historia cuando otra vez la virgen sale, por cuarta vez en un siglo de su trono, y cientos de feligreses se dan cita desde las primeras horas de la madrugada para despedirla en medio de cánticos y expresiones de tristeza.

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La inmensa fe, la devoción y el cariño de la gente por la virgen, su reina y patrona, no tiene discusión. Pero también sirvió este hecho para insistir en algo irremediable, pero de lo que valdría saber la verdad: por qué Francisco no vino a Boyacá. Es evidente que era él quien llegara a visitar a la Virgen y no que ella fuera a su encuentro. ¿Por qué la jerarquía eclesiástica prefirió otras ciudades y ninguna de Boyacá? ¿Por qué Luis Augusto Castro, el Arzobispo de Tunja y el presidente de la Conferencia Episcopal no hizo todo lo necesario para tener aquí al Papa? En realidad, el pueblo boyacense, que sigue siendo profundamente católico, no encuentra explicación plausible.

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