Grietas

Foto | Greg Baker – Getty Images

Por | Silvio Avendaño

Pero no es el puente. Es la economía, más, no es por las manifestación y protestas. La fractura viene desde hace tiempo como se puede ver en la deuda externa, pues más del cincuenta por ciento del PIB se va para pagar la impagable. No convence el relato que la causa “fue que la pandemia” o ante el ¿qué fue? se le atribuya al movimiento de los jóvenes. Mucho menos las razones de que la frustrada reforma tributaria era para beneficiar la situación de los estratos uno, dos y tres.

Y, como vamos el aparato productivo va en picada, porque se ha optado por dejar a un lado la producción de riqueza, como es la triada de capital, trabajo, renta. Y, deja de ser un país de productores para convertirse en una “sociedad de consumo.” Y, no se puede negar tal hecho como es claro con lo que ocurre con productos básicos como el trigo, arroz, maíz, papa, leche, etc. 

Viene al presente aquello de Arde Paris, perdón me equivoco no es Paris, sino la situación donde no se supera la condición de Macondo. Parece que damos vueltas y vueltas para llegar a la Matanza de las Bananeras o bien al Asesinato de los estudiantes, en un ocho y nueve de junio. Los ejes de la miseria no se desgastan y volvemos al mismo lugar, que no lleva a otra parte que, a la masacre, la cual se pretende ocultar con la desinformación, el silencio o el narcotráfico.

Y, en medio de este entorno la “juventud divino tesoro” sale a las calles con los tambores y flautas. Otros artistas con vinilo dibujan en los muros grises de la ciudad, la añoranza de la libertad y la desconocida igualdad. También los grafiteros hacen de las suyas, como se puede ver en la ciudad, mientras otros ejercen la operación borrador enviando a los pintores de brocha gorda a desaparecer aquello que, supuestamente, no debe presentarse al público. Y los defensores a ultranza del patrimonio público se ofenden o bien agitan su indignación defendiendo lo indefendible y olvidan que no se puede tapar el sol de la realidad y, claman cada día una vuelta a la normalidad, a los días supuestamente azules.

 Y, mientras, buena parte de los media ocultan lo que sucede, los grafitis, las caricaturas, las redes sociales y los muros dibujan otra realidad. “Bienvenidos a Popayán. Usted viajó 2 horas y retrocedió 4 siglos.”, “Nos están matando”, “No soy de derecha o de izquierdo soy de los de abajo y me burlo de los de arriba”, “No me lo tomen a mal pero yo no logré la Independencia marchando pacíficamente (Bolívar)”, “No futuro” “Dizque yo tengo vuelto mierda el país”, “30 ojos perdidos”, “República indolente + 6402 (falsos positivos)”, “Alison… Marcelo… Lucas… Sebas… SMAD asesinos”

Y, pastores, a grito entero, predican que la situación no tiene causa en la sociedad, tampoco en las políticas, menos en las económicas sino en el olvido de la religión. Quizá porque los hombres se han olvidado o bien porque un Dios envejecido se ha olvidado de la gente.

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