El eterno subcampeón

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Foto | Carlo Fidel Gómez

Por: Daniel Triviño

Entender la idea de juego de un equipo de fútbol requiere algo más que ver un partido, hay que sentarse frente al televisor o ir al estadio cada ocho días, ser constante seguidor de la temporada para conocer su estilo de juego, para saber de qué está hecho y para qué está. Algo similar ocurre con las encuestas.

Hay que sentarse a analizar los resultados a cada una de las preguntas que la componen. No se puede quedar uno solo con la imagen de la intención de voto, esa es una foto que no va a cambiar de aquí al 27 de mayo. Iván Duque seguirá liderando mientras que Gustavo Petro aparecerá ahí pegado, respirándole en la nuca. Eso no cambiará, Petro está destinado a ser el “eterno subcampeón”.

Como Holanda en los mundiales, o como el América de Cali en la Copa Libertadores. Se les quemó el pan en la puerta del horno, arañaron la gloria en un sinnúmero de ocasiones, y al final se quedaron con migajas. Eso le va a pasar a Petro, y le va a pasar a conveniencia.

No podemos quedarnos con la pregunta “¿Por cuál de ellos votaría?”, y tampoco con la que pregunta “¿Quién cree que va a ganar?”; eso sería sucumbir antes de que termine el partido. Acá lo que importa es “¿Por cuál nunca votaría?”. Esa es la pregunte que mide el miedo, la mayor motivación del elector colombiano. Y para este ítem hay una clara tendencia, Petro en cualquier época provoca miedo. La encuesta compara tres momentos: diciembre de 2017, enero y marzo de 2018. Petro siempre genero miedo, de aquí al 27 de mayo lo seguirá generando; e incuso, si lo miden dos o cinco años más tarde, la tendencia va seguir siendo la misma.

También es notorio el crecimiento del miedo que genera Duque a medida que incrementa su porcentaje de intención de voto, no es abismal como en el caso de Petro, pero es un porcentaje que revela un fuerte rechazo entre el electorado colombiano.

Piedad Córdoba y Germán Vargas Lleras también lo generan, pero sus chances de pasar a una segunda vuelta son tan escasas, que los colombianos no los perciben como una verdadera amenaza. Otros como Humberto de La Calle, Sergio Fajardo y Viviane Morales, no generan este rechazo. Los dos primeros porque no reflejan extremos, y Morales seguramente porque no la conocen.

Esta medición es tan importante como la de intención de voto, y si se quiere más. Más porque es la que refleja escenarios de segunda vuelta; es la que le define por quién votar cuando solo queden dos en la contienda. Si analiza con detenimiento los resultados,  notará que Gustavo Petro está condenado a perder en cualquier escenario de segunda vuelta, es el candidato que genera más rechazo, más miedo, más odio. Y por eso está condenado a perder incluso contra la desconocida Viviane.

Eso no quiere decir necesariamente que Petro sea malo, solo que no tiene ninguna oportunidad real de ganar; no la tiene porque es percibido como la reencarnación de Hugo Chávez. Podrá seguir creciendo en la intención de voto, podrá seguir llenando plazas y siendo número uno en las tendencias de Twitter. Pero la sagrada tradición de votar por el menos peor cada cuatro años, está tan arraigada en el imaginario colombiano, que Petro está condenado, está poseído por la maldición del Garabato.

Fajardo no sufre esa desdicha. Es cierto que está rezagado y que tendrá que lograr una remontada tan histórica como la de Colombia ante Chile en el cierre de las eliminatorias a Brasil 2014. Desde las tribunas del uribismo y del petrismo le han dicho de todo, le han dicho que es un “aguastibias”, que simboliza el continuismo, que simboliza una corriente más leve del “castrochavismo”, que es un privatizador, que sirve a los intereses de diversos grupos económicos, que es egocéntrico y vanidoso.  Y Fajardo ha hecho oídos sordos, como Asprilla  en los prolegómenos del cinco a cero en el Monumental. No ha respondido a ninguna de las agresiones, quizás porque no sabe cómo, o tal vez porque no quiere entrar en polémicas y generar más polarización y más violencia de la que ya hay.

¿No es mejor empatar cuando no se puede ganar?, a veces es mejor el punto que nada. Y este es el escenario actual, ¿no son mejores cuatro años de Fajardo que una eternidad de tenebroso uribismo?

*Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la postura editorial de EL DIARIO.

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