El espíritu de los tiempos

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Por | Silvio E. Avendaño C.

El mercado, avalado por la publicidad, se erige sobre falsedades de productos supuestamente inocuos.; la mentira se impone moviendo las emociones y se divulga por la red y, lo peor, se le cree.

Hubo un tiempo en que el sentido del hombre radicaba en el hilo de luz que lo unía con el cielo. El paraíso de la religión era suficiente. La Verdad objetiva y universal se ubicaba en un más allá terrenal. Entonces, en vez de permanecer con los pies en la tierra, el ojo tenía que ser coaccionado. Se tenía la conciencia de que al Señor todos los caminos conducirán a Él. El sentimiento se expresaba en el miedo y temor y, en la servidumbre al Señor del otro mundo del cual dependía lo terrenal.

Más luego, comenzó a hacer presencia los pilares de la verdad ilustrada, a desvanecerse lo sagrado y a hacer presencia la profanidad. La verdad objetiva y universal que descendía del más allá se fue desvaneciendo. No se pretendió someter a la sociedad a la Verdad Eterna, sino que se buscó representar la realidad de una mayoría social. La imprenta no se agotó en el texto sagrado. Hubo cambios en la literatura. Dejaron de ser importante las hagiografías, es decir la vida de los santos. El Quijote vive en un mundo del héroe, de los caballeros cristianos que intentan ganar la gloria y el cielo. Más la otra versión es la visión realista de Sancho Panza. Mientras el caballero imagina gigantes, el realista Sancho ve molinos de viento, que hacen posible la molienda del trigo. Y la narrativa buscó el áspero suelo. La novela realista hace presencia, mucho más cuando se deja de publicar la novela por entregas y se forjan los libros que establecen las editoriales. Vendría el nuevo invento: la fotografía que hizo posible el más preciso relato de la realidad. Van Gogh incursiona allende de la fotografía y esboza la pintura como el óleo de las emociones unidas a la naturaleza para hacer posible el realismo del mundo interno.

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Actualmente, el sentido no se encuentra enraizado en el mundo del más allá. No hay evocación del mundo trascendente; tampoco el espíritu se detiene en el realismo, sino se busca la postverdad. La filosofía de los positivistas considera que las únicas verdades son las que se deducen de la demostración lógico-científica, pero se levanta la corriente que sostiene que lo importante no es la razón sino las emociones, tal como lo plantea la derecha. Más la cuestión no se queda ahí porque se busca devaluar la ciencia. No es extraño toda esa bronca contra la teoría de la evolución, contra el cambio climático, “el fracking no afecta el medio ambiente”.

Hay rechazo a las vacunas, crecen las pseudociencias, misticismos, esoterismo, castrochavismo y postmodernismo. Se dice que para qué la lucha por transformar el mundo cuando se está en el fin de la historia cabalgando el consumismo. El mercado avalado por la publicidad se erige sobre falsedades de productos supuestamente inocuos. La mentira se impone moviendo las emociones y se divulga por la red y, lo peor, se le cree.

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