El drama del eterno segundón

Foto | https://movistarteam.com/

Por: Daniel Triviño

Decir que el Movistar Team es un eterno segundón es demasiado generoso para un equipo que viene haciendo el ridículo desde hace más de una década. Es que para vanagloriarse de ser una escuadra de élite hay que ganar cosas y el equipo español hace rato no sabe qué es eso.

En Colombia, en la prestación del servicio que es su razón de ser, también es un eterno segundón, aunque eso es arena de otro costal. Lo que si es cierto es que la imagen de la empresa de telecomunicaciones está tan caída como su señal, por lo menos entre los colombianos.

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Lo ocurrido en la penúltima etapa con Miguel Ángel López solo ha constatado el perfil de equipo chico que desde hace rato caracteriza al Movistar Team.

En la madre patria llovieron improperios contra el boyacense, al que se refirieron despectivamente como “el panchito”, al que acusaron de niñato carente de pundonor, de profesionalismo, jerarquía y seriedad, entre otras cosas. Pero el que falló no fue Miguel Ángel.

Una derrota, un mal pasaje, un mal día, o sencillamente saberse superado en una etapa ciclística es algo que le ha pasado a Froome, a Quintana, a Roglic; y seguramente en otros tiempos a Wiggins, Hinault, Induraín o incluso al mismísimo Eddy Merckx. Pero lo de López fue más allá de una simple derrota deportiva, lo de López ha sido un abandono y una traición de un equipo que viene priorizando el “talento local” desde hace tiempo, casi el mismo que lleva pasando papelones.

Es que no le cabe otro término que ese: papelón. Papelón porque el Movistar Team se vende como un equipo grande, pero está lejos de serlo. Los grandes ganan cosas importantes.

La década pasada Nairo Quintana fue el que sacó la cara por el equipo de Unzué, pero eso no le bastó para recibir el apoyo de ese equipo. Tanto así que tuvo que resignar posibilidades para buscar triunfos de la eterna promesa que nunca estalló: el hoy desvalorizado Mikel Landa.

También tuvo Quintana que aguantar el favoritismo, al interior de su equipo, por Valverde, que nunca fue mejor corredor que Quintana en carreras de tres semanas.

Y hoy eso mismo lo sufre López, que tiene que resignar posibilidades para un tal Enric Mas, que terminará en el podio de la Vuelta sin haber lanzado medio ataque, sin haber ganado una etapa, sin haber dado espectáculo, y sin tener ninguna chance de ganar algo en su carrera, porque es un corredor carente de chispa, un ciclista del montón.

A López ha de quedarle la satisfacción de que el único triunfo grande de la temporada para el Movistar lo consiguió él. Y así mismo fue en la última década, los únicos triunfos grandes los consiguió Quintana, que salió por la puerta de atrás por capricho de Unzué.

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