Desempleo y carestía: ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Foto | Hisrael Garzonroa - EL DIARIO

Por | Edilberto Rodríguez Araújo– Profesor investigador, integrante del grupo OIKOS de la UPTC / [email protected] / @zaperongo

Edilberto Rodríguez | Contrapunto económico

El rebote de la economía en 2021 trajo consigo una leve mejoría en el mercado laboral colombiano, comoquiera que en enero de este año el empleo se acrecentó en 1,5 millones de personas y el desempleo descendió en medio millón. Sin embargo, ello no compensa el millón de puestos de trabajos existentes en enero de 2019 (21,6 millones), que se destruyeron en la crisis desatada por la pandemia, y, a su vez, no disminuye la magnitud de desempleados observado en ese periodo: 3,1 millones en 2019 versus 3,5 millones en enero pasado.

Cabe destacar, que el DANE introdujo en enero de este año, algunos ajustes en su metodología de medición de las principales variables del mercado laboral, aumentando la edad para clasificar la fuerza laboral (más de 15 años, que reemplaza el criterio de 12 años), además de excluir de su cálculo las categorías de Población Económicamente Activa y los subempleados.

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De otra parte, según el reporte del DANE, la variación de precios registrada en febrero (1,63 por ciento), fue la más elevada a lo largo de esta década; otro tanto se encuentra con la carestía en lo transcurrido de 2022 (3,33 por ciento), y, lo que es más preocupante, la inflación anual (8,01), reflejó el exagerado aumento de los precios de la canasta familiar, que golpea los bolsillos de los colombianos, gravitando con mayor intensidad en los rubros de alimentos, educación, salud, muebles y transporte de los hogares pobres y en riesgo de recaer en la pobreza (vulnerables). En estas franjas de ingreso la inflación anual alcanzó un guarismo de 9,71 y 9,66 por ciento, respectivamente. En otros términos, el incremento en el salario mínimo de 10 por ciento, ya fue neutralizado por esta incontenible cascada de precios.   Pero, si a escala nacional la coyuntura laboral no es para lanzar voladores, en Tunja los indicadores muestran un panorama inquietante. En el trimestre móvil de noviembre de 2021 a enero de 2022, -no obstante que la tasa de ocupación repuntó y la tasa de desempleo se redujo ligeramente-, las cifras revelan que, en relación con la prepandemia se perdieron 13.000 empleos y 1.000 tunjanos fueron lanzados del mercado del trabajo.

La capital de Boyacá ostenta el nada honroso lugar de ser la tercera ciudad con mayor nivel de desempleo (16,3 por ciento) e inflación en febrero y en lo corrido del año 2022 (2, 04 y 4,13 por ciento, respectivamente). Esta última, después de Riohacha (4,40 por ciento) y Pereira (4,35 por ciento). Como si fuera poco, la variación de precios anual (febrero 2021/febrero 2022), se situó en 9,01 por ciento, por encima de la media nacional.

Así las cosas, mientras no se adopten medidas explícitas de creación de empleo, que depende, en gran parte, de la aletargada dinámica empresarial tunjana -entre 2020 y 2021 el número de unidades económicas creadas en esta jurisdicción aumentó 3,3 por ciento, representando las personas naturales 47,9 por ciento, seguido por los establecimientos de comercio (44,3 por ciento)- y se desactiven los detonantes de la carestía, centrados, a nivel general, en los ciclos de precios de la producción agropecuaria, afectados por el encarecimiento de los costos de producción y abastecimiento de  insumos agrícolas, y los rezagos en la capacidad productiva de industria manufacturera, además de los costos y problemas de suministro de materias primas, para responder a la demanda doméstica.

Otrosí: Dos problemas que inciden en el bienestar de la población son las oportunidades de trabajo y el acceso a los productos de la canasta familiar. Si las primeras escasean y los segundos resultan inalcanzables, particularmente la canasta de alimentos, no solo la percepción de bienestar, sino la sensación de la misma, desembocarán en el malestar latente en la sociedad colombiana. El tercer lugar de Tunja en desempleo e inflación, debe llamar la atención de la administración municipal y de las campañas electorales, en este incierto periodo postpandémico y en víspera de las elecciones parlamentarias.

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