Del imperialismo a la globalización

Por | Silvio E. Avendaño C.

Cuando camino por los centros comerciales me encuentro con el calzado del Siglo XXI, es decir, los tenis, los celulares en lugar de los teléfonos fijos instalados en las calles, las camisetas con bellos estampados. Entonces, mientras respiro en esa atmósfera de paraíso artificial, pienso en la globalización que dejó atrás al imperialismo, pues este se caracterizaba por la producción industrial cuyos productos se exportaban a los países subdesarrollados, mientras con la globalización, que inició en 1975, se tomó la decisión de trasladar la industria de los países desarrollados, a los países subdesarrollados, que a partir de entonces se han llamado países emergentes.

Mientras camino imagino cuando los presidentes de los países subdesarrollados van de visita a los castillos de los capitalistas para pedirles que por favor inviertan, que hagan posible las empresas, para dejar de ser países subdesarrollados y pasar a ser países emergentes. Y, entonces, los señores del capital le preguntan al visitante:

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—¿Cuánto es el salario mínimo que pagan en su país?
—Un millón de pesos.
—Por favor, hábleme en dólares —replica el potentado.
—Un millón de pesos, a 4000 pesos cada billete, equivale a doscientos cincuenta dólares.

En aquel momento el poseedor del capital considera que en ese país no vale invertir porque hay países donde el salario de un día es de 1,90 dólares (cerca de ocho mil pesos diarios) que, sumados en treinta días concretan cincuenta y siete dólares mensuales. Y, ante la otra pregunta: ¿Hay sindicatos, movimiento obrero, comunistas? el visitante se marcha.

Luego de la cordial despedida, el presidente sabe que en realidad su país continuará en la lista de los países que no dejan de ser subdesarrollados. No perdiendo la esperanza de volver con algo al país de origen, habla en las Naciones Unidas, en el Fondo Mundial del Comercio, visita el Banco Mundial, camina al FMI y, allí le dicen que consideran al país como un gran país, pero que el capital es esquivo ya que para invertir hay inconveniente, pero que ellos le pueden otorgar un préstamo.

Así, al caminar por el centro comercial, imaginó un obrero textil cobrando 1,90 dólar por día de trabajo, o los países donde se produce el calzado que paga un salario de hambre, o bien, la ropa de marca confeccionada en países emergentes, que no se han industrializado como en el mundo desarrollado, donde el movimiento obrero consiguió en más de un siglo y medio de luchas, mejorar las condiciones de trabajo, pero que en estos tiempos de desindustrialización los países desarrollados se han quedado sin industria, porque los potentados invierten en países donde no existe el peligro del movimiento obrero, ni los “altos salarios”, ni vándalos desinformados que todavía gritan contra el imperialismo, mientras los inmigrantes de los países emergentes transitan hacia el sueño americano.

En realidad, se vive en tiempos de “estados fallidos”, es decir aquellos que no dejan de ser “países subdesarrollados”, porque no tienen las condiciones para ser economías emergentes, es decir, con salarios miserables sin movimientos sociales.

1 COMENTARIO

  1. Somos un país subdesarrollado , si , sin oportunidades para alcanzar los niveles económicos y sociales que disfrutan los nacionales del primer mundo, y aunque somos poseedores de abundantes y variados recursos naturales, los altísimos niveles de violencia, corrupción gubernamental, ignorancia tecnológica y analfabetismo , todo absurdamente intolerable y patrocinado por el primer mundo , hace imposible nuestro desarrollo.

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