Casanare a Tunja: la odisea

Es la ruta Tunja – Sogamoso – Yopal, un viaje que, según las aplicaciones de viajes y rutas, es de cuatro horas, pero se realiza en 10. Un trayecto en donde las vías están en el peor estado. Los trancones y retenes son un verdadero reto, son inseguras, no hay cobertura de Internet y los carros sufren bastante. El verdadero problema no es una sola la vía que por causas naturales se hunde y quita el tráfico momentáneamente, es la ineficiencia del gobierno en estas vías tan importantes que conectan a Casanare con el centro del país.

Es un desastre, ya sea por el estado deplorable de las vías que obliga a los viajeros detenerse en más de cinco oportunidades, sumado a los derrumbes en la carretera por la temporada de lluvias, tal como ocurrió el pasado 17 de agosto y el del viernes 20 en horas de la noche en el sector de Las Lajas vía Aguazul – Sogamoso, donde se hundió la carretera a causa de un deslizamiento de tierra que se llevó un camión de carga.

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Llegó el domingo y no hay vía

A una hora del medio día donde acechaba el sol llanero, era el tiempo de salida. Las seis horas de viaje que arrojó la aplicación Waze acaloraba más el día, aproximadamente 280 km de Yopal a Tunja, pasando por Monterrey, subiendo a San Luis de Gaceno, Santa María, Garagoa, Tibaná, Jenesano y Soracá.

Sonrientes recepcionistas del hotel y personal de servicio al cliente, asesoraban sobre las mejores rutas para llegar a Tunja. Daban fe y ánimo para iniciar el viaje. Llamar a algunas empresas de transporte era una opción de saber el estado de las vías, cada cuanto salían los buses intermunicipales y las rutas, pero ninguna contestó las llamadas. La ayuda brindada por algunos conocidos en Yopal (y creerles) fue la única opción.

El inicio del viaje: Yopal – Monterey

Con 94 km era el tramo más largo y pesado, en teoría dos horas y media; sin embargo, hubo un sin fin de problemas en las vías, ya que estaban destapadas en una gran parte. Incontables eran los huecos, así como los desvíos que llevaban a retomar la vía más adelante. Carros, camionetas grandes, camiones de carga pesada, todos levantando el polvo de la carretera obligaron a subir las ventanas, tarea engorrosa por el calor sofocante.

Parar y apagar el carro en una larga fila para esperar a que pasaran los que venían se hizo normal, por lo menos hasta Aguazul. Desde la salida de Yopal fueron diez paradas por la infraestructura en la vía, detenciones de diez a quince minutos. El cansancio se sintió rapidísimo y la zozobra de saber si había una vía cerrada era grande.

La naturaleza llanera era imponente, llena de árboles estáticos, por instantes se mimetizaban con el paisaje los baños portátiles para obreros, las grandes máquinas de construcción y los operarios de casco blanco, todos en la misma quietud, y solo cuando había una brisa y las hojas de los árboles se movían, también la señal roja que decía “pare” cambiaba a “siga» y ahí se avanzaba otro poco.

Es tanto el tiempo que estas obras llevan ahí, que hay un comercio informal de hombres, mujeres y niños que pasan con sus canastos de rueditas llenos de todo lo que el viajero necesita para sus confortables paradas: tapabocas en cajitas, agua fría, chitos, papas, tinto otros venden forros para celular y vidrios templados.

De Aguazul a Tauramena

Según la aplicación era hora y media, 40 km aproximadamente, pasando por el puente del Río Cusiana en donde las piedras se veían como si fueran “huevos blancos”. Por lo menos diez paradas de cinco minutos, en todo este tramo, no fue hora y media sino dos horas y media. Allí las tiendas y amanecederos ya eran comunes, y hay que bajarse a descansar, tomar agua, comer algo, pedir el baño prestado y seguir.

De Tauramena a Monterrey son 20 km, media hora y algunas bombas de gasolina en donde el galón es casi a $10.000. Se veían en la carretera otras bombas que no funcionaban. Las paradas ya no eran tan frecuentes pero el estado de las vías era igual, huecos por todos lados.

La señal del celular solo entra cuando se pasa por un caserío o pueblo

De Monterrey a San Luis de Gaceno, fueron otros 42 kilómetros o una hora y cuarto, que a 20 km/hora, se convirtieron en dos horas o más. Las vías eran medio pavimentadas con piedras en el camino, se vio la unión de los ríos Lengupá y Upía en el sector El Secreto, y aquí de Casanare pasamos a Boyacá.

De San Luis de Gaceno a Garagoa fueron 65 km, y más de dos horas. Comienza la lluvia. Se pudo ver el río Lengupá desde la vía en casi todo el tramo hasta el municipio de Santamaria, la mayor parte no estaba pavimentada, solo se veían los diferentes arreglos y trabajos de reconstrucción realizados para evitar derrumbes. No había una sola vía digna, son peligrosas y estrechas.

El paso por los túneles no salía en la aplicación, solo aparecieron cuando ya estaban al frente. Unos tenían luz y apenas la señalización reflectora de la vía que se iluminaba con la luz del carro. En unos túneles caía agua, parecían cascadas y los carros pasaban a otros a altas velocidades en esa doble y estrecha vía. Terminó el primer túnel y respiramos, pero hubo otro túnel y otro túnel, y otro.

El Tunel Muros, Túnel Moya, La Cascada de 420 metros, Pluma de Agua y La Presa, y luego de estos primeros llegamos a la Represa de Chivor, en donde no había ánimo de bajarse ni a tomar fotos. Tampoco lo permitió la lluvia interminable, así como no terminaron de aparecer túneles. Túnel La Esmeralda, El polvorín, Salitre de 630 metros, El Ventarrón, El Trapiche; El Volador; Pozo azul, y el final de la represa, imponente que alimenta la región.

Finalmente, de Garagoa a Tunja fueron dos horas y media, 85 km pasando por Chinavita, Tibaná y Jenesano. Las vías estrechas, a veces con señalización y a veces no. Casi las 9 de la noche y la neblina cubría todo.

Por fin Soracá y Tunja a las 10:30 de la noche, advirtiendo que esta última ciudad, la capital boyacense, no se queda atrás en huecos.

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