Carantón expone en Medellín

Ilvar Josué Carantón Sánchez, artista boyacense. Foto | Archivo EL DIARIO

Ilvar Josué Carantón Sánchez, quizá el artista plástico más consolidado de Boyacá, desde el 12 de febrero participará en una exposición colectiva en Medellín, a partir de una propuesta de la organización Open Studio, junto a cuatro artistas locales que presentarán un conjunto de obras que buscan plasmar y resignificar el paisaje, visto por cada uno.

La obra que presentará el artista boyacense en esta oportunidad está remitida a la redefinición del paisaje, que en este caso es el del altiplano boyacense, a partir de su propia experiencia en largas caminatas por páramos y sotobosques, tan ricos en formas, texturas y colores en esta región del país.

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El siguiente es el texto de una entrevista hecha a los artistas con cinco preguntas comunes sobre la exposición anunciada, realizada por: Óscar Jairo González Hernández, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Medellín.  

El paisaje en cinco pintores: desde y en sus  flexiones e inflexiones estéticas  

Los artistas son: lvar Josué Carantón, John J. Bedoya, Paulo César David, Germán Benjumea y John Jairo Muriel.  

 Las preguntas:

1. Del momento de la iniciación: la necesidad y la provocación de inclinar y llevar su vida hacia el  arte o las artes: ¿En qué momento se le revela a  usted esa condición y le da ese carácter?

 2. ¿De la indicación del paisaje, de su descubrimiento quemante, de dónde se le muestra, se le evidencia o no a usted el paisaje, su paisaje y  como lo dimensiono y por qué?

 3. ¿En qué momento, medida, escisión o le es  inescindible en lo que hace? ¿La relación  indestructible o no de lo que llama  usted naturaleza (physis) y el paisaje, para qué,  qué intención tiene

 4. Desde su estética (estructura), de la manera  como abordó el tema paisaje, ¿qué puede decirnos, es  necesario o no estetizar el paisaje o poseerlo de  manera obsesiva, cómo o desde dónde lo hizo?

 5. ¿Qué se propuso, cuál es el propósito, qué busca o no comunicar al espectador con estas obras; qué  le llevó a participar en esta muestra y qué proyecta su obra en ella?

JOHN J. BEDOYA

Esa necesidad del arte que se inicia con dibujar,  rayar o tomar un pedazo de barro y hacer figuras se  dio desde niño. Pero esa condición de artista es  para mí una construcción en el tiempo, en el cual  se va formando el carácter, especialmente en lo  referente a la técnica que es la que va revelando  quién es uno como artista y qué quieres que vean en  tu obra.

El paisaje se me muestra de dos maneras: primero  desde la libertad de creación artística que me  permite la representación de la naturaleza y en ese  sentido, el paisaje como concepto es una  construcción cultural, donde podemos reflejar  nuestras percepciones. Ahora bien, el paisaje es  siempre cambiante, móvil, fugaz y, por lo tanto,  esa construcción que se hace del paisaje me obliga 

a una mirada atenta sobre ciertos lugares de la  naturaleza donde encuentro eso que usted llama  “descubrimiento quemante”. Este segundo momento se  evidencia en mi trabajo y en la manera como  construyo la imagen. Yo busco es la representación  de “un lugar” donde pueda convertir la contemplación  en un carrusel de emociones adversas, atracción y  repulsión al mismo tiempo.  

3. 

Esa relación naturaleza (physis) y el paisaje es  inescindible porque el paisaje es móvil, cambiante,  se transforma constantemente y en ese sentido, el  paisaje hay que buscarlo, construirlo. Y se  construye precisamente no solo desde la mirada sobre  ciertos lugares de la naturaleza, a la propia  naturaleza interna (igualmente cambiante) se le  suman otros paisajes, el entorno social y político  desde donde surge. Yo pinto con todo el cuerpo. 

4. 

 El paisaje es ya una estetización, pero también es  la emergencia de otros paisajes que enfocan la  mirada, como lo son el paisaje social, cultural,  político y la siquis humana, donde lo bello no es  necesariamente el enfoque. Desde este último le  pongo este ejemplo: Luis Alfredo Garavito es  considerado el mayor depredador sexual de niños en  Colombia y del mundo. Sepultó a muchas de sus  victimas en lugares de la naturaleza donde  permanecieron ocultos por años. Esa facultad que  tenía Garavito para hallar el lugar perfecto de  ocultamiento, de silencio para no ser descubierto  fue una tarea racional, consiente, premeditada que  evidencia con alevosía su maldad, alejada de su  discurso irracional de estar poseído por entes  espirituales malignos al momento de asesinar.  Garavito conocía muy bien el territorio donde  estaba, sus paisajes y “lugar predilecto”, fue su  obsesión también el paisaje. ¿Garavito era un  paisajista? Por supuesto que sí. En este sentido,  el paisaje se posee de manera obsesiva. Pues es el  5 “lugar” al que una mirada atenta nos lleva a  encontrar belleza donde no la hay o, a evidenciar  el paisaje que somos.

Open Studio es un encuentro entre amigos artistas  que buscan reactivar el arte y llevar el espectador  hacia el taller de arte. El artista está  acostumbrado a los confinamientos personales como tarea de creación, sin embargo, la pandemia nos  alejó de los espectadores y de su relación inmediata  y directa con las obras. Este encuentro lo que busca  es volver a retomar esa función del arte, de dialogo  y de intercambio de experiencias y de visiones y qué mejor lugar para hacerlo, que desde el lugar  mismo de confinamiento que es un taller o estudio  de arte.

PAULO CESAR DAVID

La inquietud se originó con el encuentro de los  materiales plásticos que se trabajaban en la escuela  primaria (plastilina, colores, temperas, rayones,  papeles, etc.) que me permitían experimentar y  desarrollar ideas desde la intuición y los  sentimientos.

2. 

El concepto de paisaje lo comencé a indagar cuando  estudiaba en la universidad Artes Plásticas; me ha  interesado la idea de la tridimensión y el juego  ilusorio que diferentes artistas han desarrollado a  lo largo de la historia del arte para dar la idea  de espacio. Veo el paisaje como un pretexto para aplicar conceptos plásticos (color, forma, armonía,  etc.), es una plataforma para dar mi versión de  espacio ilusorio, pero alejado de la copia fiel. 

3. 

Me ha parecido importante en el proceso creativo la  tensión que existe entre el momento donde la ideas  e intuiciones acerca del espacio que aún no tienen  forma física comiencen a hacerse reales con juego  con los materiales que me dirigen a aciertos y  desaciertos formales y van gestando el concepto  espacial.

 4.  

El Paisaje lo siento como límite, una pregunta; es  indagar acerca de lo que está afuera de nosotros  como espectadores. Es un encuentro, un  desencuentro.

5.

Básicamente pretendo con mi obra abrir campos de  comprensión en la relación del ser humano con el  paisaje y la manera como es transformado, manipulado  y resignificado. 

La muestra Open Studio la veo como la oportunidad de establecer un dialogo y una reflexión fresca  entre las propuestas de un grupo de amigos en torno  al Paisaje.  

ILVAR JOSUÉ CARANTÓN 


1.

Tal vez no se es consciente de esa revelación, ni  siquiera se busca. Los años, las experiencias y las  reflexiones cotidianas van creando una base de datos  durante la vida que es inevitable el momento de  cruzar y triangular esa información para sacar  conclusiones. La vida con el paso de los años, al  menos, en estas sociedades llamadas de tercera y  cuarta categoría, va develando la ausencia de  prospectivas y el desencanto se torna en el  estandarte para enfrentar la parca. Y en ese  trayecto que queda por transitar necesitamos expresar el malestar que nos ha ocasionado el vivir,  el ocupar un espacio geográfico, el compartir unas  características culturales, el haber sido dóciles y  estúpidos ante los abalorios y los espejitos que  nos brindaba la sociedad de consumo. Tal vez sea  una rendición de cuentas por el desencanto que  produce la farsa en la que estamos imbuidos, una  sociedad vacía de contenidos y mínimos para la  convivencia, una sociedad individualizada y egoísta  donde la inmediatez y la ganancia económica son los factores de éxito.  

Ya no hay nada que perder, por eso echamos los  restos. Con el desencanto a cuestas comencé a  recorrer los caminos y senderos de los bosques  andinos y los páramos, como una forma de oxigenar  la mente, pero también con la posibilidad de dejar  un registro fotográfico como testimonio de que esos  parajes existieron y como constancia de lo importante que fueron para los ecosistemas.  

Esa mirada a las imágenes fotográficas se fue transformando al entender la complejidad del recorrido que hacen las aguas que nacen allí y van  dando vida en su camino al mar. Entonces la pintura  reaparece con un cromatismo fuerte y con unos  contrastes de color que la hacen llamativa, no son  obras miméticas que intentar representar la  realidad sino una excusa para construir reflexión y  contenidos de lo que nos está pasando. Y es desde  el arte desde donde se puede comenzar a construir  las trincheras para la batalla final, para  devolverle el campo de batalla a las expresiones  artísticas las cuales fueron secuestradas y  coaptadas para darle beneficios y frutos a los  poderes hegemónicos. En esa reflexión entendí que,  si no es desde allí, todo se perdió.

2.  

La dimensión estética que produce el caminar por  los páramos es una sensación única. Te sientes en  el techo, miras hacia arriba y solo está el cielo,  ya sea azul o con la niebla que no permiten ver más  allá de dos metros, también se tiene la posibilidad  de observar los frailejones que aparecen y  desaparecen bajo el manto lechoso, y mirar hacia  abajo y observar que abajo hay nubes, no todas están arriba.

Ese encuentro con la montaña y el respeto por ellas,  el pagamento para poder visitarlas, el complemento  con la vida y las especies. Entender y conocer la  cadena de valor que una gota de agua atrapada en la  sedosa piel de una hoja de las espeletias, la cual  puede producir, en su camino al mar, un torrente  capaz de arrasar o dar vida a comunidades enteras.  

Comprender lo ecosistémico cromático producto de  las aguas que caen y ruedan por las montañas,  llenando de colores, en flores, aves, y demás  especies que lo conforman, entonces se torna  necesario replantear lo cromático evidente y  conocido para llevarlo a lo que pudo o no pudo ser  posible. Observar cómo el agua se torna en ese  recurso de la vida que cotiza en bolsa, mirar con  desdén a esos miserables que gobiernan estos países,  vendiendo y negociando con los recursos al postor  que sus actividades corruptas les indiquen. Los  recorridos de las aguas han sido alterados y negados  ya sean por supuestas concesiones mineras o por  represas o por potentados que se apropian de lo  público y hacen uso exclusivo de los recursos. 

Entonces hay que devolverle al arte ese rol  cuestionador, contestatario y visceral que le  quitaron las mismas corporaciones que lo consumen,  para desligarlo de cualquier carga política que  contenga y negarlo en las sombras de la palabrería  y el comentario soso de los medios masivos y en la cabeza de generaciones para las que todo está bien  y todo podrá mejorar.

3.

Las intenciones del arte deben ser desde lo estético, lo ético y lo político; cuestionar, llenar  de contenidos las representaciones o imágenes que  produce, si no es así, es solo muñequería e  ilustración para potenciar egos y efímeros  esplendores. En el barroco el bodegón se convirtió  en el ejercicio pedagógico que permitió a todos los  habitantes de la época entender la finitud y la  descomposición de la vida. Ahora lo ecosistémico ha  desaparecido para darle paso a lo productivo a gran  escala, la eliminación de bosques nativos para  ampliar la llamada frontera agrícola ha permitido  que grandes extensiones sean destruidas para  construir un paisaje monótono y repetitivo con los  monocultivos. La conciencia crítica se perdió en  los vericuetos de los idiotas útiles amangulados en  organizaciones animalista, vegetarianos, verdes y  un sinnúmero de divide y reinarás. Cada quién dice  tener la razón, pero sólo es una pieza del engranaje  que vuelve cretinos a los sujetos. 

La relación naturaleza-paisaje está ligada  culturalmente a las particularidades que tiene la  vida en el campo, resulta sencillo establecer  diferencias entre el modo de vivir de los campesinos  o pastores ya que el entorno natural, el trabajo con la tierra y las labores con animales forman  parte de un entorno campestre. 

La exaltación de la forma de vida que se lleva en  un campo, se llama bucolismo, el adjetivo deriva  del latín bucolicus aunque tiene orígenes en la  lengua griega, refiere al género literario que narra  situaciones propias del devenir en las zonas  rurales, estas épocas de crisis de las formas de  convivencia, puso en evidencia la estrecha relación  de la sociedad con el entorno campestre o rústico.  Ese ideal soñado es la principal característica del  arte bucólico es la presentación de la paz propia  de las regiones campestres, tranquilidad asociada a  la pureza y a la ausencia de vicios característicos  de las ciudades.  

4. 

El paisaje representa una amalgama de subsistemas  que se armonizan y cohabitan en un aparente  equilibrio. Tratar de entender los lenguajes que  establecen las distintas variedades nos dan un ejemplo de solidaridad, pero a su vez de formas  parasitarias de existir, de establecer alianzas, de  definir lugares y condiciones mínimas para sobrevivir, nos brindan en formas, colores, y en la  cantidad de variables las estrategias que requieren  para reproducirse y conservarse como especie. Entender los ritmos aparentemente caóticos o las  presencias de las series Fibonacci, nos llevan a  adentrarnos en movimientos y formas que ayudan y  potencian la expresión plástica y cromática. Esta  simbiosis de color y de contrastes revitalizan los  lenguajes plásticos y las maneras de utilizarlo  creando una variedad infinita de usos y abusos. 

Obsesivo se torna cuando se intenta ir más allá de  una simple representación o mímesis, las  posibilidades son más complejas y exigentes y nos  llevan a lugares insospechados, es poseerlo en su  esencia. En apariencia es un simple paisaje, pero  en realidad es el entrecruzamiento de distintas  formas, tensiones y composiciones las cuales se  deben dominar para lograr una armonía y un  equilibrio que a nivel cromático funcionen dentro  de un espacio. Los entramados constituyen un reto,  las formas otro y así se llega a seguir experimentando en los vericuetos de las técnicas y las tensiones que hacen que la composición el ritmo  y la armonía adquieran en las formas de aplicar el  color los nuevos lenguajes necesarios en la  plástica.

5.

Los propósitos son comunicativos, reflexivos,  pedagógicos y nostálgicos, no por bucólicos sino  por ausentes. Tener la experiencia de adentrarse en  una chamicera, no encontrar el camino, perderse,  sentirse encerrado y sin caminos para salir, hacen  que el escenario se convierta en un referente para pensar la cotidianidad, son enseñanzas desde lo que  queremos eliminar, los elementales. La reflexión en  torno a la tecnofascinación y la lucha perdida de  la especie, frente a las tecnologías. La pregunta  de si todo tiempo pasado fue mejor, en este mundo  en crisis y sin sentido.  

La muestra es el reencuentro de los amigos para  confrontar un mismo tema con distintos lenguajes,  es abrir espacios distintos de los municipios a los  procesos culturales; es reactivar y entender las  dinámicas de la plástica en escenario no asépticos  ni llenos de protocolos sociales; es dialogar en el  taller que está abierto para que la comunidad se  integre a ese espacio casi siempre hermético para  los profanos. Es abrir la casa para la visita.

GERMÁN BENJÚMEA    

1.

Definitivamente muchos de nosotros tenemos génesis  similares: Comenzar desde temprana edad,  descubrirse con el paso del tiempo, rotar por  diferentes experiencias, superar las frustraciones.  Cerca a los 16 años comprendí que eso era arte,  expresión y libertad. Tomé la decisión entonces de  “revelarme” o mejor dicho “rebelarme” y dedicarme  al arte, la cultura, la educación y la creatividad.   

2.

La geografía humana, el paisaje cultural, la apropiación del territorio, el canto de la montaña,  el color del camino que araña el suelo, las  improntas de las historias sobre la corteza de la  ladera, del valle y de las piedras. Porque vivo el  territorio, lo siento y lo interpreto en función de  las personas, a pesar que soy consciente de otras  existencias como la flora y la fauna, me atrapa, la  gente, el viento, el olor, el sabor y los  acontecimientos encima, debajo y dentro del  territorio representado.

3.

Cada instante, cada lugar, en medio del contraste  entre el ruido interior y el exterior, la luz y la  oscuridad, la mugre y la veladura de la sociedad automatizada y “snobista”. Mi libreta se llena de  notas, gestos y colores. Es inescindible de mí,  porque se convierte en mi bitácora íntima. Paisaje  emocional, nostálgico, sencillo, y rutinario. 

La naturaleza del tronco del árbol y su textura se  asemeja a las arrugas del rostro de mis ancestros y  las mías con mucha realidad.  

4.

Creo en la prosaica, en el rizoma de lo cotidiano.  En el poder del color naranja de la tarde y la  frescura de los miles de verdes contrastados con  purpuras y azules. Creo en los colores metalizados  que refleja la luna en la corteza del árbol, en fin…  El paisaje no le pertenece a nadie. Sólo es paisaje  que se reconstruye cada milésima de segundo, nunca  es el mismo, siempre cambia… ¿Cómo poseer algo tan sublime?

5. 

El espectador – receptor comprende este tipo de  eventos desde sus propios presupuestos y acumulados  cognitivos y experienciales. Así es que mi  propuesta es sencilla: quiero compartir con  nuestros invitados la experiencia de tener que  viajar por las carreteras enclavadas en las montañas  de la cordillera, es decir, que el espectador antes  de entrar al espacio a ver las obras, haya visto,  olido, sentido como sube los pisos térmicos del  Valle de Aburra para llegar a una bodega industrial  que desmitifica el cajón blanco elitista de la  galería o del museo. 

Casi siempre las muestras artísticas son excusa del  artista (o mejor, productor de este tipo de bienes  simbólicos) para confrontar sus errores y sus  aciertos, celebrar la casualidad del encuentro con  otras miradas. Dialogar con propios y extraños en  un espacio abierto, gratuito y fresco, alrededor  del sabor y aroma de un buen café.  

JOHN JAIRO MURIEL

1.

Esa condición se me revela desde mis primeros años  de la existencia, en la vereda nativa, donde la  observación y la comparación de los espacios  naturales me van mostrando caminos de  interpretación del paisaje local. Luego en la  academia se inicia un proceso de indagación con las  herramientas, lenguajes y símbolos que ofrece la  pintura en los procesos artísticos y de  investigación.

El trabajo se fue afirmando con las experiencias de  carácter social, relaciones interpersonales y de  los espacios vividos en Colombia y otros lugares fuera del país. 

2.

Ese paisaje se revela en la esencia de un trabajo  plástico que funge como metáfora de nosotros mismos,  de nuestra naturaleza humana y de profundas  inquietudes existenciales. En los gestos y  caligrafías podemos reconocer a la pintura como  reflejo de la existencia humana, que de un modo  analógico se debate entre lo corpóreo sensorial y  lo emotivo espiritual.  

En estas pinturas encuentro que devienen de mis  experiencias vitales y trascendentes; operan como  expresión poética del tiempo, del espacio y de las formas. Mi pintura, al igual que el ser humano,  tiene su propio cuerpo y su propia alma, sus propias  metamorfosis, sus propios cambios o reinvenciones.  

3.  

Cada imagen es la materialidad de un momento  eternizado que viene de la naturaleza y pasa por el  proceso de construcción del artista, dando como  resultado un trabajo plástico revelador y sugestivo  que se concreta en mi paisaje. Una voluntad  pictórica paradójicamente racional e instintiva que  da a luz problematizaciones plásticas como: la  representación de analogías visuales de tiempo y espacio, la materialización de estados de  conciencia, de paisajes imaginarios, de mapas  mentales, la transformación simbólica de la materia  o de la realidad, y la presentación de nuevas  realidades que trascienden la mímesis (ya que se  transmuta dicha realidad para crear una nueva). Con  frecuencia estas imágenes instauran mensajes  crípticos que aluden a una sintaxis y a una semiosis  ilimitadas. Surgen como umbrales de formas y colores  habitantes de un no espacio o no tiempo que acentúa  el carácter evocativo de la pintura.  

4.

Hay que poseer el paisaje para entenderlo, para  reconstruirlo y asegurarlo. Mi paisaje, reflejo de  la esencia y el espíritu del artista. Deconstrucción  de la naturaleza (macrocosmos), y también de la  naturaleza humana (microcosmos), ésta última es expuesta en múltiples facetas; surge en el trabajo  como reflejo elocuente y poderoso del universo. Todo  esto se devela en el crisol de una paleta pictórica,  en el andamiaje estructural del dibujo y la forma,  en la orquestación de conceptos y misticismos  plásticos (ideas e ideales, nostalgia,  contemplación y meditación) son referidos en la  forma de imágenes, casi a la usanza de los  románticos del siglo XVIII.  

5.  

Asistimos al espectáculo de diferentes planos de la  realidad cuyas veladuras y pieles se traslapan o  se yuxtaponen. Parcelas de tiempo se entrecruzan,  diversas atmósferas colisionan y se combinan con el  sentido de vivencias significativas. Misteriosas y  rutilantes luces se nos exhiben con su inminente  poder de silencio o eternidad. Surgen objetos o  formas disímiles cuya existencia callada ejerce  sobre nosotros un gran influjo del que no nos  podemos sustraer; nos conmueven o nos deleitan.

Este es mi aporte al colectivo que se conformó con  base en un tema recurrente en la historia del arte  (El paisaje) y por la gestión de uno de los  integrantes. En la obra de Open Studio, la  contemplación es privilegiada mediante  impredecibles sensaciones, los sentidos se regodean  a partir de la percepción de diversas temperaturas,  de matices contrastantes o de cálidos signos, lo  orgánico es hibridizado con lo inorgánico.

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